Actualizado hace: 24 minutos
Jorge Bello M.
¡Miseria humana!

Considero que la peor de las desdichas en la que puede habitar un individuo es el odio; aborrecimiento que se expresa en la maledicencia permanente a todo y contra todos, en ese instintivo afán de aniquilar, aunque lo que se pregone o vocifere en el discurso para encantar o justificar sea todo lo contrario.

Viernes 01 Junio 2007 | 22:22

También puedo decir lo mismo de lo pendenciero y quien actuare pendencieramente, por lo tanto procuraré mesura, que no es lo mismo que autocensura, para hablar sobre este tema de relativa actualidad. La “miseria humana” que se expresa en odio, obstruye lo ilustrado e inteligente, para dar paso a lo insolente e insultante que se manifiesta primariamente en obscenidades verbales o pedanterías prepotentes y humillantes; ese suele ser el primer y último recurso de coléricos odiadores, como ya nos consta y lamentamos profundamente. Los miserables humanos que encarnan esa desventura personal, por lo demás, alimentan su imaginación de hipotéticos fantasmas, cucos o monstruos para justificar en sus inconscientes toda esa carga pendenciera que les permite denostar sin remordimientos o culpas contra todo y todos. En la historia gubernamental de nuestros pueblos encontramos a muchos pobres seres que encarnan perfectamente esa miseria humana, plasmada en déspotas y ególatras que endiosados por las glorias efímeras del poder político y mediático, se han creído todopoderosos, inmunes, dueños de la razón absoluta y del país, censores de la verdad o catalizadores supremos de lo bueno y de lo malo. Mal han terminado. Pobres seres, aquellos que no ven más allá de sus prejuicios; miserables, los que arrastren al pueblo en esas aprensiones. Claro está que la miseria humana no es patrimonio de políticos gobernantes ni de acólitos serviles y rastreros que lo justifiquen, sino también de otros sectores corruptos y corruptibles de las sociedades, entre los que con mucha pena debemos reconocer a “ciertos” medios y periodistas o seudo periodistas, sin caer en esa generalización insana que condenamos. La tarea de los seres humanos que se crean libres de estas tareas será resistir con valores inalienables como la verdad, el decoro, la dignidad; con la valentía de vencer el miedo para alzar la frente y la voz. La meta de Medios y Periodistas que no deberíamos sentirnos aludidos por esa “miseria humana” es no caer en la tentación de representar o llenar el vacío dejado por una oposición política que corrió en desbandada por falta de calidad moral y cerebro, y al contrario profundizar en el verdadero rol social de MEDIOS en democracia y por la democracia. El espejo venezolano debe servir para mirarnos de cuerpo entero como sociedades parecidas y momentos históricos que tienden a ser similares, incluso con sus miserias y riquezas humanas.
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