Actualizado hace: 5 minutos
Claudio de Castro
El taxista de Dios

El buen Dios suele tenernos sorpresas inesperadas en el camino.

Miércoles 23 Mayo 2007 | 22:24

Nos acompaña siempre y nos cuida. Mi mamá lo experimentó hace dos días. Estaba en un supermercado y se sintió un poco indispuesta. Salió para buscar un taxi que la llevara a su casa y encontró una fila enorme de personas que también esperaban uno. Entonces... Le dije a Dios: — Mándame un taxi que sea tuyo. En eso un taxi que estaba al fondo pasó recto junto a la multitud y se detuvo frente a mí. — ¿A dónde va? — me preguntó el taxista, bajando la ventana. — A la barriada El Carmen. — Venga suba. Yo la llevo. — Señor — le dije — usted es muy afortunado, porque es un hombre de Dios. Su taxi le pertenece a Dios. Acabo de pedirle a Dios que me mandara un taxi de los suyos. Y, de repente, llegó usted. El taxista me miró impresionado. — Señora, — me comentó —no sé porqué, sentí el impulso de avanzar. No recogí a ninguno de los que estaban antes. Vine directo donde usted. Entonces sonrió. — Mire lo que dice en la puerta—, dijo emocionado. Al lado mío, en la puerta, había un letrero grande que decía: “Este Taxi es de Dios”.
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