Actualizado hace: 25 minutos
Horacio Hidrovo | Telf. 05-2931387
El algarrobo no sabe para dónde correr
Horacio Hidrovo | Telf. 05-2931387

De pronto lo asustaron, después iniciaron la persecución, cortándolo, derribándolo, mutilándolo. Al paso dijo una señora, supuestamente de estirpe portovejense, que el algarrobo era un árbol sucio, y yo le contesté, con mucha cortesía, que también hay conciencias sucias. Este árbol llamado algarrobo, de viejas informaciones en documentos históricos de la región, no sólo fue la sombra del cansancio y la fatiga de los campesinos que llegaban al mercado de Portoviejo, después de una larga travesía; fue también el alimento diario de asnos, caballos, yeguas y mulares, amarrados al poste de este árbol, que se desvestía para arrojar los alimentos a sus amigos de la vida cotidiana. Pero hay muchas cosas más que decir: ¿Quién no tomó purgante de algarrobo, que en el mercado se lo conoció con el nombre de algarrobina? Qué fácil es olvidar la historia de los árboles de la región, hoy locamente reemplazados por palmeras que dieran la impresión que son parte de un jugoso contrato.

Domingo 20 Mayo 2007 | 22:14

Como alguien expresara en las calles de la capital manabita, estamos cerca de que Portoviejo sea declarado Puerto Marítimo, en razón del perfil de palmeras que hoy tiene la ciudad, y no es que estamos en contra de las palmeras, que quede bien claro, lo que ocurre es que la sombra de la palmera es alta y dispersa, mientras que la sombra del algarrobo es baja y frondosa. Pero no sólo se la han tomado con el algarrobo, recordemos que las ciudades manabitas olían a mirto en el mes de mayo, que las últimas lluvias se enredaban en las pequeñas ramas de este arbusto, lo mismo el laurel y otras plantas más. Pero no contentos con estos crímenes, consolidan el genocidio persiguiendo al tamarindo, árbol de estirpe y señorío, que permitió que los aldeanos de la vieja e histórica ciudad, la llamaran Ciudad de los Reales Tamarindos. Algo sospechoso está sucediendo, porque no se trata de varios árboles, se trata de un mismo árbol que recorre como gladiador los caminos y la geografía manabita. Pareciera tonto dedicar este espacio a defender los árboles de la región, pareciera inteligente afirmar estos criterios para que los niños del futuro puedan respirar aire vegetal y mantener en su memoria lo que sus antepasados sembraron, abriendo la tierra, convirtiéndola en surcos y haciendo que a través del tallo crezca la esperanza.
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