Actualizado hace: 11 minutos
Cuenca
Una tradición hecha mujer

Zoila Merchán pasó de los pañales al atuendo de la chola cuencana.

Lunes 08 Junio 2015 | 04:00

Desde que tiene uso de razón viste de la misma manera: con polleras, blusas blancas con encajes, paños, sombrero y trenzas. A sus 75 años asegura que nunca se cortó el cabello, ni cuando era niña, por eso luce lo entrelazado, cuyas puntas llegan a su cintura, donde se ciñen las faldas rizadas y anchas que le dan comodidad para su arduo trabajo. 
Ella es madre de 11 hijos, cuatro aún pequeños, por los que debe madrugar a hacer sus labores domésticas y por los que al medio día, cuando todo en la casa está listo, debe salir a trabajar a vender verduras en el Mercado Central de Cuenca. Allí permanece en un puesto sobre una vereda hasta que ve caer la noche.
Mujeres como ella mantienen viva una tradición que identifica a todo un pueblo, pues la figura de la chola cuencana se destaca en todo el austro ecuatoriano.
Un ícono. Paola Guzmán, directora del Grupo de Proyección Popular de la universidad de Cuenca “Wayrapamushkas”, señala que la chola cuencana es una mujer campesina, mestiza que hacía las labores de indígena y se desempeñaba en la agricultura y el comercio. La describe como una mujer trabajadora que simboliza el ícono más representativo de la capital azuaya.  En su honor, el compositor Rafael Carpio Abad escribió una canción, también se han hecho poemas y levantado monumentos en Cuenca.
Elegante y cara. Este personaje ha formado parte de su historia, y su vestuario se ha constituido en una de las prendas más llamativas y caras. Vestir a una chola puede llegar a costar 600 dólares. 
Inés Bojorque, dueña de una de las tiendas de este vestuario, señala que las prendas más costosas del atuendo de la chola son las polleras y los paños cachimir, también llamados makanas o chales. 
Las polleras son una falda rizada que brindan comodidad al trabajo de las cholas. La más anchas y mejor elaboradas con tejidos de pedrerías, hilos y lentejuelas cuesta hasta 300 dólares. 
DATO. La pollera que usaba antiguamente era de terciopelo en colores vivos como fucsia, tomate, roja, amarilla, turquesa, verde y hasta de cinco anchos (cada uno con dos metros). Con esto conseguían movimiento al caminar, explicó Bojorque.
En los bordados a mano de la parte baja se imponían figuras como escudos, aves, flores, hojas, pavorreales… y sobre esto gran cantidad de lentejuelas, mullos y canutillos que daban brillo, elegancia y distinción.
Los paños también son caros porque son elaborados artesanalmente por medio del tejido del ikát, una técnica ancestral cañari que se realiza en Gualaceo y cuya confección requiere de mucho esfuerzo y tiempo. Algunos vienen con bordados que varían de acuerdo a la región azuaya. 
Debido a los costos es que algunos cuencanos creen que en las nuevas generaciones se va perdiendo la tradición de usar la vestimenta típica; sin embargo, lo que visten no es lo único que los identifica. Las cholas se definen como mujeres aguerridas, trabajadoras y orgullosas de su lugar de origen.
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