Actualizado hace: 21 minutos
Johnny Medranda
El efecto antílope

Hay 91 clases de antílopes en nuestro hábitat, son mamíferos y familiares de los toros. Pueden correr hasta 90 km por hora y saltar hasta 4 metros de altura y 15 de largo.

Viernes 21 Noviembre 2014 | 04:00

 Impresionante ¿no? Realmente no, si es que no puede utilizar esa gran habilidad cuando su supervivencia depende de ello. Aunque puedan saltar hasta 4 metros de altura, si le pones una cerca de alambre de 1 metro, 99% de las veces no la salta ni por que tenga un león voraz tras él. No hay respuesta científica de ello todavía. Dicen que cierta clase de antílope nunca la salta porque tiene que estar 100% seguro de lo que hay al otro lado de la cerca. Este antílope me recuerda a ciertos políticos y empresarios manabitas. 

El gobierno quiere reformar nuestro código laboral. Algunos de los puntos son buenos. Pero otros, tan críticos, podrían ser tan nefastos que nos convertirían en antílopes con grilletes en las patas e imposibilitarnos a aspirar desarrollar nuestro potencial humano. Dos de estas reformas pondrían limitaciones a las utilidades percibidas por trabajadores e imponer techo salarial a gerentes. Se impondrá un límite a las utilidades que el trabajador pueda recibir y todo el excedente por encima de ese límite será dado al gobierno para financiar gastos de salud o seguridad de otro sector del país. 
Pensé que es el Estado quien debe garantizar la salud y seguridad a todos los ciudadanos más no un sector de empleados que a través de sus esfuerzos y dedicación ganan sus utilidades honradamente. Poner límites equivale a ponerles un grillete a los empleados que siempre estaban dispuestos a trabajar un poco más para mantenerlas y superar cada año sus utilidades. Sus deseos de alcanzar la excelencia se menoscaba con esta reforma. De igual manera ponerle límite a los salarios de gerentes es una apuesta segura a desarrollar administraciones mediocres a futuro. Los mejores gerentes que tienen la capacidad de comandar una Coca Cola, un Contecon, un Holcin, un Claro, un Movistar no tendrán incentivos de trabajar en Ecuador y buscarán otros países. Pero algo peor puede ocurrir; estas empresas pueden pagarle el salario mínimo impuesto a los gerentes en Ecuador y el resto de sus reales ingresos, que puede ser mucho más, los pueden depositar en cuentas extranjeras causando una gran fuga de divisas año a año.
Estimados Asambleístas, no pongan grilletes ni limitaciones a nuestros más grandes deseos de superación. No limiten nuestros sueños ni destruyan posibles legados para futuras generaciones. No nos conviertan en antílopes y presa fácil de un gran león voraz que se llama mediocridad. 
Nadie puede reprimir el más innato deseo de constantemente romper nuestra propia marca. Así nos creó Dios y por eso comandamos el mundo.
 
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