Actualizado hace: 9 minutos
Crónica del Día
La pena de Elena

Elena Mero tiene la pena viva. Le parece mentira que su hijo haya muerto. Siente que lo extraña. Que desde que él no está su vida no es la misma. Su hijo, Pascual Plúa, murió hace un año y nueve meses en un accidente de tránsito.

Martes 17 Junio 2014 | 09:55

Ese día habían asistido a un bautizo, y Pascual se ofreció a llevar a los padrinos del evento hasta la terminal terrestre.  

Salió en una camioneta con un sobrino y otras personas. Justo cuando iba por la vía Puerto-Aeropuerto, un carro se le atravesó y ocasionó que él y dos personas más fallecieran. Elena recibió la noticia en la iglesia. En ese momento sólo le dijeron que Pascual estaba herido. Cuando llegó a su casa, ubicada en el barrio Divino Niño, vio que los vecinos estaban alborotados. Nadie se atrevía a darle la noticia, hasta que se enteró de que su hijo y nieto habían muerto. “Me ha dolido tanto la muerte de mi hijo,  es algo insoportable, él era el que me acompañaba siempre”, dijo.
> AYUDABA EN LA CASA.  Elena cuenta que su hijo tenía 30 años de edad. Era soltero y vivía en su casa. Antes de que ocurriera el accidente, le estaba ayudando a reconstruir su vivienda. “Era el que me cuidaba, siempre veía por mí. Ahora estoy sola, a veces no me alcanza para los gastos de la casa; pero ahí seguimos adelante, porque ahora una hija me colabora”, expresó.
La casa de Elena luce vacía. Está a medio construir y en la sala apenas hay un par de sillas y varias fotos en las paredes. Lleva dos minutos en la entrevista y ya ha llorado a Pascual como el día en que lo sepultó. 
Sufre. Se lleva las manos al rostro para secarse las lagrimas, pero éstas son incontenibles. “La persona que ocasionó el accidente, la que iba en el otro carro, está presa, pero creo que le bajaron la pena; yo sólo pido justicia, porque en ese accidente perdí a tres familiares, a mi hijo, mi nieto y un primo. Además me dejaron sin nada, ni siquiera el costo del carro me lo reconocieron”, expresó.
> TRABAJABA EN UNA FÁBRICA. Pascual trabajaba en una fábrica procesadora de pescado. Con el dinero que ganaba ayudaba en su madre en los gastos del hogar.
Es por eso que, desde que él no está, Elena ha tenido que buscar un ingreso. Ella recoge botellas plásticas en las calles para luego venderlas. “Si mi hijo estuviera vivo no dejaría que haga esto, porque él trabajaba para que yo pudiera descansar”, indicó. 
Ella vive en su casa con una nieta, hermana del menor que murió en el accidente, y su hija, quien labora en una fábrica. Allí ven pasar los días extrañando al hijo que se fue, al nieto que le encargaron cuidar y no verá crecer, y a aquel primo que vino a los tiempos a visitar a la familia y ya no regresó. 
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