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Esta vía espinosa  del periodismo
Esta vía espinosa del periodismo
Por: Childerico Cevallos
chcevallos@eldiario.ec

Domingo 05 Enero 2014 | 04:00

Debido a los constantes ataques oficiales en su contra, el periodismo se está convirtiendo en una profesión cada día más difícil de ejercer en el país. Sin embargo, aquello hay que analizarlo con las consideraciones adecuadas.

 

La misión de informar no es solo salir a la calle y recoger noticias, o entrevistar y textualmente publicar lo que el entrevistado dice.
No es la función del domesticado cartero de llevar y traer mensajes; menos la acción pasiva e inerte de un buzón.
Tampoco manipular tremendamente aquel inalienable derecho que es la libertad de expresión, porque podemos convertirlo en libertinaje para la extorsión.
Hay que evitarlo, porque quienes lo hacen están manchando el noble y delicado ejercicio profesional de la comunicación social.
Libertad, libertinaje. 
Existen quienes difícilmente entienden la diferencia, por lo que les resulta asombrosamente fácil patear la dignidad como cualquier pelota de trapo.
Y les es posible a quienes lo hacen, lamentablemente, por el desconocimiento o la ausencia práctica de lo que es moralidad.
Y se insulta con osadía, preconcebidamente, con intereses establecidos. 
Escudándose en el exhibido membrete de periodista, como si este fuera una patente de corso.
La comunicación social no solo es una ciencia sino una cualidad. 
Es un arte personal que se presenta en el individuo, como cualquier otro.
Su capacidad para el mismo nace con la persona y crece en la medida que las oportunidades presentadas o buscadas se lo permitan.
En ella intrínsecamente está sembrada la educación, la cultura, la ética, la moral y la urbanidad.
Especialmente la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo, entendiéndose lo primero, entre otras cosas, como la paz y el progreso sociales a través del desarrollo general. 
Y lo segundo, la lógica antítesis.
El destino final del comunicador o periodista es intentar establecer las verdades para asentar las bases de la realidad.
Y a partir de esta, la consecución de aquel bienestar común que podrá ser logrado, únicamente, cuando las intenciones estén dirigidas al servicio colectivo, al desarrollo 
general
Y para ello no es suficiente la voluntad; es imprescindible la seriedad, la estabilidad emocional, las buenas intenciones.
El deseo de servir antes que esperar ser servido.
Destacar los valores populares antes de resaltar los propios; hacer valer las cualidades del semejante antes de las personales.
Y en esto se debe meditar, porque por la vía de la inconsecuencia podemos hacer una labor de esterilidad periodística,  empujando a la colectividad hacia una pornografía social. 
Por el camino de la responsabilidad y prudencia lograremos un puesto de vanguardia en las disciplinas sociales, conscientes que ellas llevarán el beneficio del progreso al país y el engrandeciendo de  la patria. 
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