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Vayan a casa a ser buenos esposos
Vayan a casa a ser buenos esposos
Por: Guido Álava Párraga

Jueves 19 Diciembre 2013 | 04:00

E ste es el consejo más acertado y prometedor para una sociedad con familias destruidas, criando hijos sin instrucción adecuada ni buenos ejemplos, todo por la actitud de varones empapados de machismo e incumpliendo el rol de papá. Sí, esta es la actitud correcta si queremos ver una sociedad sin adolescentes alcohólicos, drogadictos, en sexo libre y en actos delincuenciales a temprana edad.

Hay que llegar a casa predispuestos a abrazar a la esposa y los hijos, con paciencia e interés para escucharlos y saber de sus inquietudes de su vida a su edad. Muchos padres llegan fatigados a sus casa sin saludar a quienes lo están esperando con amor, se dedican a ver las noticias, novelas, películas o deportes y luego a dormir. Y de las esposas y los hijos, ¿qué?
Cuando las  familias como estructura fundamental de toda sociedad superviven en medio de las carencias de afectos, interés y amor sublime de quienes están obligados (los papás) a ser los proveedores de la crianza y seguridad de ellas, entonces se abren las puertas hacia la debacle. 
Nada destruye más la armonía familiar entre cónyuges que el machismo, lo mismo que la indiferencia de un papá con sus hijos destruye la buena relación, este ha sido el flagelo más grande que ha sufrido la familia y la sociedad. Por esta razón debemos tomar muy en serio implementar un programa en gran escala para promover la armonía familiar en todos los hogares de nuestra ciudad y provincia, pero estas acciones tienen que diseñarse con la inclusión de la perspectiva bíblica, fuente donde está con más profundidad los métodos de crianza de los hijos, el valor del matrimonio y las relaciones entre esposos. En nuestra ciudad, algunas iglesias están trabajando en esta visión, que requiere una masificación.
Por otro lado, se debe aceptar que en nuestro país los diseños de la educación primaria y secundaria han sido elaborados por especialistas con una perspectiva psicológica y humanista excluyente de los valores del humanitarismo y de lo sacro, situación que nos está pasando factura (no confundir humanismo con humanitarismo), en tal virtud también se deben revisar los programas de la educación básica del país porque la personalidad del individuo se forma con la instrucción en los hogares, pero también con los programas de los niveles educativos y calidad de los maestros.
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