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Bolivia
Hombre de 123 años vive en Bolivia

Se trata de la persona más longeva del mundo, según los registros del libro Guinness.

Jueves 15 Agosto 2013 | 10:48

Reside en una aldea al pie de los Andes en Bolivia y siempre comió alimentos cultivados. Pensamos encontrarlo tullido en una cama y con los extravíos mentales que trae la vejez, pero bajó de la pendiente montañosa por un sendero pedregoso sin bastón, saludó con la mano alzada, se sentó en una roca y comenzó a conversar amigablemente.

Carmelo Flores Laura parece una momia viva. Cumplió 123 años el 16 de julio, es aymara y vive en una aldea de los Andes bolivianos aislada del mundo y a 4.000 metros sobre el nivel del mar. Toda su vida comió alimentos naturales que él mismo cultivó al pie de los nevados. 
El Registro Cívico del Tribunal Supremo Electoral de Bolivia dijo a The Associated Press que Flores es el hombre más longevo del país y que sus documentos son válidos. Según el Libro Guinness de Récords, la persona viva más vieja del mundo es la japonesa Misao Okawa, de 115 años, mientras que la persona más longeva de la historia fue la francesa Jeanne Calment, que murió en 1997 a los 122 años y 164 días.
“Estoy andando así nomás, solito ando con los animales (por el cerro). No comía ni fideo, ni arroz, sólo cebada; cultivaba papa, habas... ahora hay todo para comer”, dijo Flores a la agencia de noticias AP. A veces siente dolor de cabeza y estómago, sobre todo cuando come fideos, y recuerda haber consultado un médico en su juventud.
Vive en una choza de adobe con techo de paja y piso de tierra, como casi ya no existe en el altiplano. Bebe agua que baja de la cordillera. Hace tres años tiene electricidad y letrina, aunque él está habituado a usar el descampado. Algunas veces se cocina en un fogón, que atiza con paja brava, y en ollas de barro. Piensa que el kerosene es lo más moderno que hay para cocinar, pese a que ya no se usa como combustible doméstico.
“Tenía ovejas y comía eso, antes no había kerosene, sólo con la grasa de cordero cocinaba... debo tener cien años o más”, dice, pero sus recuerdos son vagos. En su juventud se alimentaba de carne de zorro que cazaba, ahora casi desaparecido, y dice que le gusta la carne de cerdo. Todavía lamenta la muerte de su esposa hace más de 10 años. 
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