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Melba Muñoz Rojas

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Melba Muñoz Rojas

Hierbas en el jardín de cualquier otro

POR Melba Muñoz Rojas

Jueves 20 Septiembre 2012 | 00:00

Hay algo mucho más amenazante que sucede regularmente en la sociedad y en las almas humanas.

Cada individuo, cada grupo, cada vecindario, cada nación tiene sus propias hierbas, y básicamente tenemos dos opciones: arrancarlas o permitirles que tomen el control. Vivimos en un mundo en el que las cosas crecen y se diseminan. Es un principio fundamental de la vida. Pequeños fallos y deslices, pequeños errores y estupideces crecen hasta convertirse en grandes caídas y fracasos odiosos.
¿Por qué no los arrancamos cuando son pequeños y fáciles de manejar? En parte, por causa de la ignorancia, porque no prevemos en lo que se convertirán, y en parte por comodidad. Nuestro lema es, “déjalos y desaparecerán”; cuando la verdad es “déjalos y crecerán”.
Parcialmente, no las arrancamos porque estamos muy ocupados señalando las hierbas en el jardín de cualquier otro. Por ejemplo, es fácil ver las hierbas en la parcela de los adolescentes, cuando usted ya no lo es. Y al contrario, es fácil para los adolescentes ver como las hierbas del egoísmo, el materialismo y la hipocresía pueden estrangular la vida y el espíritu de la mayoría de la sociedad adulta. Nos produce casi placer señalar las hierbas en cualquier parcela. Que no sea la nuestra, ya sea que pensemos en términos de edad, de sexo, de creencias, de política o de cualquier otra cosa. Pero es mucho más útil si hacemos un poco de jardinería por nosotros mismos.
Así que, ¿cuándo fue la última vez que usted o yo arrancamos una hierba? ¿Cuándo fue la última vez que reparamos en cuántas hierbas hay en todo el mundo, o en nuestras propias vidas en particular, que necesitan una acción rápida?
Yo confío en que usted sea una persona básicamente decente, de otra forma no estaría leyendo un escrito como este, pero una de las citas de Edmund Burke más desafiantes que conozco dice: “Todo lo que se necesita para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada”

La buena noticia es que no estamos forzados a no hacer nada, que no tenemos porqué hundirnos en la inactividad, la ceguera o el temor a las hierbas del fracaso a nuestro alrededor. Hay abundante herbicida entre los recursos que se nos han sido dados, y se nos han sido dados gratuitamente. Y cuando se haya limpiado una parcela está la semilla para sembrar: El Amor. ¡Y cómo crece si le damos la oportunidad!. < 

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