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Spondylus  y fotorama
Spondylus y fotorama
Por: Manuel Andrade Palma
andradestatus @hotmail.com

Jueves 23 Agosto 2012 | 00:00

El tiempo es un espacio polimorfo lleno de sentido, un universo reflexivo del ser y no ser, de lo posible/ inalcanzable o de lo que se dio o no; es decir, algo así como un escudo protector, en el que nos diluimos y asimilamos al mismo lapso. Debemos asumir que el tiempo no sólo es acontecimiento sino también espacio; que su corporalidad virtual nos asume e involucra, pero también nos desnucleariza, nos dispersa. Habría que asimilar esta interrogante, como búsqueda que imbrica tiempo e identidades (grafía interrelacionada entre lo real y virtual de la vida humana y la sociedad) de la cognoscibilidad en su extraordinaria pirámide inmemorial, de giro ascendente, en cuyo constructo convergen saberes de diversas épocas y dimensionalidades. Conocimiento del tiempo, entonces, pero también tiempo del conocimiento. Un medio de expresión-comunicación, es tiempo-espacio, universo de abstracción, hogar de cavilaciones y encuentros in-verosímiles, necesidad de exteriorización e interiorización que busca vasos comunicantes para abrir cosmos y visibilizar inquietudes e interrogantes supremos del ser humano; es razón acuciante de socializar el conocimiento, abrir puertas para entrar y debatir con las soledades intelectivas y los oscuros laberintos mediáticos del conocimiento colonizado.


Spondylus y fotorama son propuestas  históricas y cinéfilas, para ingresar a la esplendidez de nuevas dimensiones del pensamiento. Orgullosamente manabitas se agigantan y reconocen entre un mil avatares, persisten al margen de disquisiciones, entronizándose en la conciencia ciudadana como parte inexcusable de ella. Buscan colectividades o desean crearlas. Así están. Así van. Su paso es marcial, entre lo heroico y el desencanto, en la plenitud y esperanza de sus directores Ramiro Molina Cedeño y Fidel Intriago Zambrano, desdeñando aquel mítico umbral que separa las intenciones de la realidad en materia de publicaciones. Sin presumir: están para permanecer. Requieren de apoyos institucionales que solventen y aseguren su divulgación. Sin fatuidad, al momento son las mejores revistas del país, donde prestigiosos y connotados (nacionales e internacionales) escritores-críticos, pensadores-científicos vierten sus conocimientos en vendimia redentora. Quien podría creerlo, dos jóvenes intelectuales, de fuste y performance individual, con denodado esfuerzo, que raya en el paroxismo intelectual, nos llevarían hacia donde nuestra imaginación inercial y domesticada no nos había convocado. La topografía de la real y necesaria cultura, que nos incumbe, nos presenta otras voces. ¡Qué, grata sorpresa!, suenan familiares porque están decantados de lo inescrupuloso y corrupto; pero llenos de pundonor, esfuerzo, bondad y gran honestidad.  Esperemos que Spondylus y fotorama se conviertan en ese espacio buscado y tiempo de encuentro que abruptamente fuimos despojados, sin darnos cuenta de la ignominia cultural que vivimos. Ojalá reconozcamos imágenes conocidas, espejos insurrectos que nos devuelvan aquello que no hemos mirado. <

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