Actualizado hace: 1 hora 3 minutos
Boris L. Zambrano Cabrera

Viernes 20 Julio 2012 | 00:00

La deforestación de las cuencas y microcuencas de Manabí provoca cada año la pérdida de los cauces de nuestros ríos por sedimentación, que se produce por el arrastre de la tierra debido a la fuerza del agua ya que la cobertura vegetal es escasa o no existe en muchos lugares.


Por lo tanto, la reforestación con plantas nativas es una acción urgente que tiene que extenderse, fomentarse y ejecutarse en las siete principales cuencas de los ríos Quinindé, La Morena, Coaque, Jama, Chone, Portoviejo y Ayampe, así como sus respectivas microcuencas de Manabí. Esta alternativa supone llegar a acuerdos con los propietarios de los predios mediante capacitación en donde se exponga las bondades de la reforestación utilizando sistemas como el agro silvo pastoril, que permite tener dos mecanismos para sustento del campesino, pues mientras crecen los árboles se puede aprovechar el pasto. Así mismo, la caña guadua constituye una fuente de grandes ingresos económicos: diez hectáreas sembradas después del tercer año nos pueden dar dinero para mantener holgadamente una familia; pero hay que tener mucho cuidado con el programa socio bosque que promociona el gobierno actual, pues este encadena al propietario del predio por 20 años.
Este año, la sedimentación del río Chone ha sido extraordinaria, pero existe una razón adicional. El consorcio chino Tiesijú-Manabí, contratado para construir la represa Río Grande, una vez que se realizó la ilegal incursión para el desalojo de Alfredo Zambrano Vera, en el sitio El Jobo el 18 de octubre pasado, comenzó a mover tierra “sin ton ni son” decimos los montubios. Todos los escombros fueron dispuestos de manera antitécnica. Una parte sirvió de relleno para solares ubicados entre este sitio y San Andrés. Otra parte simplemente se desechó al río con lo cual estrangularon su cauce, ya que los constructores se burlaban diciendo que uno solo de ellos, acostado transversalmente en el río, lo podría detener. Craso error producto de la ignorancia, ya que este río puede aportar más de 150 m3/s, tal como sucedió durante febrero, provocando un taponamiento que represó agua, lo que se tradujo en una de las inundaciones más graves que ha soportado la ciudad de Chone desde hace 14 años.
Pero el desastre es aún mayor. Los sembríos ribereños de plátano han sido afectados de manera que tardarán un año su recuperación suponiendo que el próximo invierno no sea tan fuerte como éste. También fueron afectados casas y otros cultivos como cacao porque la riada dejó sedimentos que perjudican a las plantas. Todo producto de la improvisación y de la ignorancia sobre nuestro medio. Desde El Jobo, el Río Grande ha perdido más de un metro de cauce por los sedimentos. Gran tarea les espera a las autoridades desazolvando los cauces que utilizarán nuestro dinero para la contratación de maquinaria.<

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