Jueves 24 Abril 2014 | ACTUALIZADO HACE: 6 horas 29 minutos
MONTAJE EL CINE AL DÍA

Juan Fernando Andrade

Domingo 29 Abril 2012 | 00:00

Los Vengadores GENERO: Acción, aventuras, ciencia-ficción. ACTORES: Robert Downey Jr., Scarlett Johansson, Chris Evans. Los Vengadores es una película peligrosa.

Primero porque es tan divertida, tan emocionante, tan efectos especiales cool, que uno se deja llevar como un niño al que van arrastrando de la mano en una juguetería. Segundo, porque justifica la violencia y la guerra disfrazándolas, al mejor estilo americano onda Richard Nixon, como pasos obligatorios en el camino hacia a la paz.  
 
Hace exactamente un año, cuando Thor llegó a la Tierra por primera vez, el director de la agencia de inteligencia y antiterrorismo S.H.I.E.L.D., Nick Fury, se dio cuenta de que nuestro planeta –entiéndase USA– era absolutamente vulnerable a un ataque que viniera del espacio exterior. Luego, a partir de un extraño cubo luminoso que el papá de Iron Man encontró en el fondo del mar, dirigió sus esfuerzos a crear armas de destrucción masiva capaces de protegernos. En Los Vengadores el tema vuelve a colación. Loki, el medio hermano menor de Thor, consumido por la envidia, la inseguridad y el resentimiento (el sueño de todo psicoanalista), ha robado el famoso cubo y planea acabar con el mundo, empezando por la isla de Manhattan en Nueva York. En esas circunstancias se juntan los superhéroes VIP de Marvel Comics y entre ellos se crea una química extraña en la que reina la ironía para con el prójimo (nadie mejor para esto que Tony Stark, por supuesto), tensa al principio pero irremediablemente destinada al noviazgo, mezcla de casa del árbol y Gladiadores Americanos. A esto le siguen una serie de batallas en las que, como esperamos y queremos que pase, las cosas explotan y miles de pedazos salen volando de la pantalla 3D. Acción de lujo, marinada con una cantidad de bromas –que hacia el final dependen más de Hulk que de Stark– fríamente calculadas, como si los escritores estuviesen contando los minutos entre chiste y chiste, no vaya a ser que el público pierda la carcajada alucinógena o, Dios no lo permita, empiece a sospechar sobre las intenciones de la película.
 
Cuando se acaban el sonido y la furia, aparecen imágenes de la ciudad devastada, de los enemigos muertos, de los sobrevivientes agradecidos. Nick Fury se pega un discurso esperanzador: ya nadie intentará meterse con la Tierra, saben que estamos armados, que somos fuertes, y nos tienen miedo. El que se meta con nosotros no vivirá para contarlo.   La gente abandona el chiquero en que hemos convertido la sala, una alfombra de canguil manchada de té helado cubre los pasillos entre las filas de asientos. Marchamos convencidos. La mejor idea del mundo es dormir con un arma cargada bajo la almohada, por si acaso.   <