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Alfaro no ha muerto
Alfaro no ha muerto
Por: Enrique Delgado Coppiano

Sábado 04 Febrero 2012 | 00:00

Vive y seguirá viviendo en el alma de los pueblos a los que guió de la oscuridad de la tiranía a la resplandeciente luz de la libertad. Los libertadores no perecen: Bolívar, San Martín, Benito Juárez, José Martí y Eloy Alfaro, tienen la grandeza eterna del ideal que profesaron y difundieron, ser libres, por ello luchar hasta morir.

La libertad es un don supremo para el ser humano, un ideal en la tierra y los espacios infinitos.  Cuando los libertadores lanzan su proclama llenos de anhelos e ilusiones, nada detiene el inconmensurable crecimiento de ellos; tiemblan los tiranos y en su mente planifican el ataque artero a su humanidad mortal, llegando al cometimiento de los más oprobiosos crímenes. Nada importó a sus ambiciones lo positivo que el Libertador hiciera, había que zafarse de él;  y eso sucedió con Eloy Alfaro, el ciudadano que desde joven señaló su destino de luchar por la libertad y los derechos de su pueblo ecuatoriano.
Largos años de lucha, cientos de batallas libradas, triunfos y derrotas, nada lo detuvo;  su sueño era un Ecuador libre y justo. Lo logra con el ideario liberal  y la lucha armada en la que contó con todas las mujeres y hombres libres de la patria, con ellos lleva su revolución al poder con mil sacrificios hasta ser gobernante, donde nunca tuvo tregua de sus adversarios.  Alfaro implanta la libertad de expresión y de imprenta, la libertad de cultos, los caminos del estado sin la iglesia, no hay credo oficial,  laicismo  para la enseñanza, que será gratuita y obligatoria,  reconoce los derechos de  la mujer que se incorpora a la sociedad sin traba alguna; se aprueba la manumisión del oprobioso concertaje de indígenas y montubios, que era símbolo de explotación sin nombre.
A su vez impulsa la ciencia y las artes, profesionaliza las FF.AA., organiza la administración pública, crea el Registro Civil Nacional, instaura la supremacía de la Constitución y el equilibrio e  independencia de los tres poderes del Estado. Y con denuedo luchó por unir Sierra y Costa con el gran ferrocarril, símbolo de la unidad nacional. Americanista adelantado, sirve a los pueblos de América y reclama a España la libertad de Cuba, es un adalid del progreso y la hermandad, y su revolución sacude a la sociedad de la época al crear una nueva estructura social y económica.
Nunca le perdonaron sus adversarios el perder los privilegios y se unieron resentidos hasta llegar a su muerte en la hoguera bárbara, ahora tan discutida por los cien años de ésta demencial tragedia, debían de cobrárselas todos los afectados por sus medidas heroicas, sumados los ambiciosos del poder y los traidores que crecieron a su sombra, que no respetaron a Alfaro que dijo: “Nada para mí, todo para la Patria”. Y el poeta escribió: “Jamás pensó en su cálido embeleso,/que nunca falta en la vida de los grandes,/la traición de los Judas con su beso/.  <

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