Actualizado hace: 2 horas 48 minutos
Santo Domingo
La vida en una cárcel

Darwin es uno de los internos del Penal de Bellavista. Está ahí pagando una condena de ocho años por asalto y robo.

Sábado 04 Febrero 2012 | 00:00

Darwin dice que está consciente que cometió un grave error, pero cree que está a tiempo de arrepentirse. “Es muy duro haber cometido un delito y estar aquí (cárcel). La gente nos ve con recelo y miedo”, expresó Darwin, interno del pabellón de mínimaseguridad.
El hombre de unos 25 años aproximadamente ha cumplido ya cuatro años y tres meses de cárcel. Le espera lo más duro.
Él llegó en el primer grupo de reos que fueron trasladados de Babahoyo al Centro de Rehabilitación Social (CRS) el año pasado.
“Primero estuve en el pabellón de mediana seguridad, pero por buen comportamiento me pasaron al de mínima”, manifestó.
Darwin dice que lo que le impulsó a asaltar fue haber perdido su trabajo.
En la cárcel ha conocido el amor.  El joven dice que está enamorado de una mujer que conoció en el CRS. Ella lo está ayudando para sacarlo del infierno en el que se metió.
“Cuando salga ya tengo en donde trabajar”, dijo con una sonrisa dibujada en su rostro.

Culpa ajena. El 12 de septiembre del 2007 todo cambió en la vida de Carlos.  Ese día, en el juicio de juzgamiento lo condenaron a ocho años de prisión por tenencia de droga. El hombre lleva  preso ya cuatro años cuatro meses.
Carlos, recordó que el día que lo detuvieron, él había hecho un flete a dos hombres, pues tenía una camioneta. Los pasajeros, dijo Carlos, subieron un cajón donde al parecer estaba el alcaloide.
“Cuando la policía se me acercó y empezó a revisar el vehículo encontró la droga, lo que alcancé a decir es que eso no era mío, pero igual me condenaron”, indicó.
Para el hombre la vida en la cárcel es lo peor que le pueda pasar a alguien.  Pese a que tiene amigos, asegura, debe andar con cuidado porque no se sabe en que momento le pueden hacer algo.
Otro caso es el de “Santín”, él lleva detenido cinco años por tenencia de armas de fuego. A él lo capturaron en la parroquia La Unión y el juez le condenó a seis años de cárcel.
Los tres reos coinciden que en la cárcel cada uno debe cuidarse por sí solo porque mientras le dan la mano, por atrás pueden estar planeando algo en su contra.
En cuanto al trato que les dan los guías, los presos manifestaron que ellos actúan mal cuando los internos se van contra las reglas.
Carlos Cuesta, jefe del pabellón de mínima seguridad, expresó que ellos están ayudando a los internos a que se rehabiliten y se reinserten a la sociedad. Para eso, dijo Cuesta, se realizan talleres, en donde los internos despejan la mente.

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