Actualizado hace: 31 minutos
Bernardo Avellán Vélez
Por los caminos de Pechichal

A cinco kilómetros de Calceta, vía a Junín y a dos kilómetros (costado izquierdo) de la carretera, se encuentra enclavado un bello y paradisiaco paraje manabita, conocido como el valle del Pechichal.

Miércoles 01 Febrero 2012 | 00:00


En esta cálida región se solía producir en abundancia un exquisito fruto, el pechiche, una drupa caracterizada por su singular y penetrante olor natural y de la cual toma su nombre. Además, también se cultivaban los deliciosos mangos “de chupo” y “miguelillo”; la dulce caña de azúcar, de la que  aun se elabora la mejor panela y se origina una bebida espiritosa llamada “guarapo”, de la que se obtiene finalmente el aguardiente puro de caña.
En esta pródiga comarca, vivían placenteros y felices, doña María Glaffira y su esposo Saúl, junto a sus cuatro hermosas hijas, cada una engalanada con un encanto único y natural. Saúl era el celador del sitio, hombre abnegado, solícito y de recto proceder. 
A inicios de los 40s, una dama del pensil calcetense, hermosa mujer de 17 años, llegaba a vivir a aquel fértil y florido valle del Pechichal. Junto a Saúl, fundan una numerosa familia. Era 1940 y la joven María Glaffira deja las comodidades y confort de la pequeña villa de San Agustín de Calceta, para ir a vivir donde las aves hacen sus nidos sobre las copas de los árboles y los jardines silvestres esparcen el néctar natural de sus flores.
A esta pródiga tierra, quien llegaba de visita, se lo invitaba a saborear el espumante café natural de olla; la cuajada y el requesón que se degustaban con un buen verde asado hecho en horno de leña, mientras el maní tostado y molido era el aperitivo para llenarse de energías. No podía faltar la rica tortilla de huevo criollo con mucho cilantro, acompañado con las tortillas de maíz o también de yuca, rellenas del buen queso de la zona.
Don Saúl, el centinela del sitio, hacía las veces de médico autodidacta, asistido por dos enormes libros del “Nuevo Tratado Médico”, una verdadera enciclopedia médica (edición argentina -1954), ayudando a los lugareños a tratar sus enfermedades o las picaduras de culebras con mucho esmero. El “Dr. Saúl”, quien elaboró formulas y pomadas curativas, jamás se negaba a socorrer a sus vecinos, así tuviera que hacerlo a altas horas de la madrugada.
Región de abundancia y primores naturales, la comarca del Pechichal sigue siendo un encanto, uno de los pocos lugares que aun quedan en Manabí y guardan en secreto las esplendorosas tardes de verano, donde la tierra y su vegetación toman un cautivante matiz primaveral.
Inolvidables años de una época dorada, llena de abundante cosecha y anécdotas que jamás se olvidan Estas estampas y vivencias del Pechichal de la infancia, perduran en la mente, forjando el temperamento de nuestro ser, la pasión por la tierra y la personalidad moral heredada de nuestros progenitores. De esta historia, solo queda la bella dama calcetense, pues el celador de Pechichal se nos adelantó al Oriente eterno. <

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