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“DE CARA AL SOL  CAMINARÉ”
“DE CARA AL SOL CAMINARÉ”
Por: Libertad Regalado
lire2653@gmail.com

Jueves 14 Julio 2011 | 00:00

"Este continente absurdo suele matar a sus poetas y santificar a sus verdugos”. Hoy más que ayer, cobra vida esta frase dicha por uno de los grandes cantautores del mundo. Quienes sufrimos en carne propia los estragos de las dictaduras, amábamos al maestro Cabral, con él aprendimos esa filosofía heredada de Tagore, del amor a la vida, o como él lo decía “ama hasta convertirte en lo amado, es más, hasta convertirte en el amor” y por ello asumimos respetar todo cuanto la naturaleza nos prodiga; aprendimos a valorar la palabra, a ser libres para expresar nuestras alegrías y sinsabores, a decir basta a quienes quieren atar el pensamiento, a los que inventan la cárcel para encerrar las ideas, a los que buscan en la ley, formas de callar la razón.

Facundo fue un ejemplo de vida, a pesar de los padecimientos de la pobreza, supo elegir  y desde los 17 años se entregó a sus únicas  amadas: la poesía y la guitarra, y con ellas recorrió caminos,  abrió infinidad de puertas en este planeta “ancho y ajeno”, atravesó los mares, conoció las trincheras de la guerra y de la pasión, batalló contra “el único dictador: el miedo” y se decidió por ser libre.
Por haber sido un abanderado de manera incansable de la libertad, el amor y la justicia social, la Unesco en 1996 lo declaró “Mensajero mundial de la paz”. Nunca se negó en acudir a sitios donde había necesidad de su presencia, de su voz, de su música, de su mensaje; por eso personalidades del mundo reconocieron en él no solo al cantante, sino a un activista social, con ideas verdaderamente  revolucionarias. 
Cuando escuché por primera vez las canciones más conocidas de él, me enamoré de sus palabras, de su voz y lo perseguí siempre; un día estando en Nueva York, lo conocí, se presentó en el Lincoln Center, en un concierto titulado  “Lo Cortés no quita lo Cabral”, al salir del espectáculo, sentía que había vivido un milagro, su presencia irradiaba paz, alegría, un deseo de vida que calaba muy dentro.
Hoy manos  asesinas mataron el cuerpo del más grande “trovador anarquista”  del mundo; su espíritu, su voz vivirá para siempre, llevando ese mensaje del hombre que sentía en sus venas correr a raudales la vida, con la fuerza de la nostalgia, de la rabia que se enciende ante la injusticia, ante quienes quieren reprimir al hombre y sembrar de miedo los caminos.
Estoy segura que allá donde estés entonarás ese delicioso estribillo: “No soy de aquí ni soy de allá, no tengo edad ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad”. Recuerda lo que decías: donde quiera,  siempre se puede empezar de nuevo. <

 

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