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Jorge Briones Villenas
¿Discípulos del Dr. Eugenio Espejo?

Los designios del destino me han permitido llenarme de una lectura informática extraordinaria.

Lunes 04 Julio 2011 | 00:00

En la ciudad  de Guayaquil, donde pernocté por circunstancias particulares, me permitieron  acceder a un librero para tomar  un ejemplar de tantos  y tener  qué leer en las siguientes horas para conciliar el sueño. Tomé uno, que lo había escuchado como título pero nunca  lo acaricié entre mis manos, mucho menos  lo había  apreciado en mi criterio  literario. Apenas al leer su prólogo me enamoré de su maravilloso contenido. Al hojearlo, en la mañana siguiente, mi entusiasmo obligó  a mi pariente a darme  como obsequio.

Editado por primera vez en 1944, del autor Dr. Enrique Garcés Cabrera, este ejemplar  actual es una edición de aniversario del segundo centenario de la muerte del gran prócer americano Francisco Xavier  Eugenio  de Santa Cruz  y Espejo. Quien  ordenó  esta edición fue el Dr. Alfredo Palacio González, Ministro de Salud Pública en ese período y quien prologa la misma. La obra “Eugenio Espejo: Médico y duende”, escrito  con certeza  la década  de los 30 y 40, es una expresión literaria incomparable en su enfoque realista, crudo, vehemente, de contagiante patriotismo y profunda reflexión social. Capítulo a capítulo trata temas de magnitud trascendental, como trascienden  sus críticas y sentencias,  tanto que a pesar  de ser una referencia  de los tratados  higienistas, jurídicos, costumbristas y sociales de hace más de 200 años, quienes vemos con ojos de cambio debemos reconocer que siguen siendo problemas actuales, ni siquiera del siglo 20 sino de éstos, nuestros días.
El autor  se declara y refiere a varios personajes, médicos y periodistas como sus discípulos. 
El Dr. Palacio también  asume  esta posición de alto  orgullo personal y comunitario.
Humildemente me quiero unir a esa armada de personas que luego  de leer  y absorber sus párrafos profunda y conscientemente así nos sentimos e identificamos. Que esta actitud  de  “discípulos de Espejo” se multiplique  por decenas, cientos  y miles de médicos, periodistas  y ciudadanos a quienes invito a beber de la sabiduría y enseñanzas de esta obra maestra.
En sus páginas finales el Dr. Garcés, su autor, refiere que en 1932 se hizo un proceso para dilucidar y declarar por parte de Ecuador su “héroe máximo en la historia patria”. En aquella época que la lectura prevalecía, brillaron lo nombres de Juan Montalvo, Federico  González  Suárez, Gabriel García Moreno, Eloy Alfaro, Atahualpa, Huayna Cápac, Vicente Rocafuerte, José Joaquín Olmedo. A todos los reconoce  en su valía, pero dice: “se olvidaron  del duende  Eugenio Espejo, quien obtuvo unos pocos votos consignados con fe”.
Concluye diciendo que “este libro, si así lo llamara el encuadernador, no es sino aquel voto que entregara aquellos años por mi admirado preceptor”.
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