Actualizado hace: 1 hora 14 minutos
Las camisas del totalitarismo
Las camisas del totalitarismo
Por: Luis Herrería
luisherreria@gye.satnet.net

Sábado 25 Junio 2011 | 00:00

Usualmente, la camisa es una prenda de vestir que cubre el torso, pero también ha servido como distintivo en política.

Es así como en las décadas de los 20 y 30 del siglo XX, fue utilizada como parte del uniforme paramilitar de los fascismos en diversas partes del mundo. Solo hay que recordar las camisas negras de Benito Mussolini, cuyo color también fue escogido por las S.S. de Adolf Hitler; las camisas pardas como uniforme para las S.A., grupo nazi capitaneado por el homosexual Ernst Rohm.

En pleno siglo XXI, el atuendo ha servido para cubrir la desnudez ideológica de Hugo Chávez y sus cada vez más escasos seguidores venezolanos que prefieren el color rojo, queriendo aparecer así como radicales o como aspirantes a Caperucitas. Así mismo, en el Ecuador donde ya se está agotando la paciencia con la verborrea insulsa de Rafael Correa, sus adeptos más vociferantes se visten con camisas verdes, quizás representando la acidez del limón; mientras que algunos serviles del palacio presidencial se pavonean con camisas ridículas, en gesto de imitación-subordinación a su temperamental jefe.
En todo caso, estos camisas se han distinguido no solo por su color, sino también porque han venido repitiendo los procedimientos empleados desde el “Duce” italiano, esto es la retórica fantasiosa, la propaganda falaz, para concluir en la diversidad de métodos violentos que se practican con desparpajo a medida que crece el poder dictatorial, llegando a utilizar la intimidación y, en ocasiones, las agresiones físicas contra sus oponentes, destacándose para estos duros oficios  los miembros de más baja ralea que forman parte de una membrecía heterogénea, en donde el grupo “privilegiado” de los oportunistas sirven, especialmente , para satisfacer los caprichos más extravagantes de su amo.
Está claro que los fascismos, en diferentes tiempos y espacios, surgieron en períodos de grandes crisis socio-políticas, siendo así que estos  ismos brotan de un movimiento de masas, por lo que al inicio cuentan con apoyo social, de ciudadanos que están o estuvieron anestesiados por la seducción de “líderes mesiánicos” que ofrecen un “buen vivir”, pero siendo el propósito perverso enfundarlos en virtuales camisas de fuerza. Cuando estos hechizos se dan en la América morena y los dirigentes fascistas cometen la torpeza de romper con los grupos que originalmente los apoyaron, encuentran reacciones que llegan a convertirse en bolas de nieve y luego en un alud que termina sepultando a los déspotas y sus desequilibradas intenciones, no sirviendo las camisas distintivas porque aquello que fue una eventual simbiosis con las masas se convertirá en furia desenfrenada contra aquellos que hacían ostentación de su vestimenta.
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