Actualizado hace: 4 horas 29 minutos
Childerico Cevallos | E-mail: chcevallos@eldiario.com.ec
Merecido reconocimiento
Childerico Cevallos

Corría el año del señor de 1989 cuando en representación de El Diario asistí a Quito a una conferencia de prensa en la que se presentaría al nuevo obispo de Portoviejo, pues quien hasta entonces desempeñaba esa función, Luis Alfredo Carvajal, el obispo bondadoso, había presentado su dimisión por razones de edad.

Domingo 24 Diciembre 2006 | 17:52

La recepción fue sobria, concreta y muy informativa. Monseñor José Mario Ruiz Navas, el nuevo prelado del obispado de Portoviejo, circunspecto, explicó sus intenciones en su nuevo destino eclesiástico. Recordó a los presentes su paso por Riobamba, su anterior diócesis, población en la que dejó sembrada la semilla de su amor especial por los indígenas de la serranía y, en la mente de estos, sus derechos como humanos. Admitiendo la poca experiencia pastoral que tenía en la costa, aseguró que, como todo buen representante de Dios, enfrentaría con dedicación y responsabilidad la misión que la iglesia y el Santo Papa le habían encomendado. Fue más allá al imponerse, especialmente, cuatro objetivos: Elevar el obispado de Manabí al nivel de Arzobispado, construir la nueva iglesia Catedral, fundar un seminario mayor de formación pastoral y el funcionamiento en Manabí de extensiones de la Universidad Católica de Quito. Razones: 1.- La numerosa población católica de la provincia había hecho los suficientes méritos como para ascender a un nivel administrativo religioso de mayor rango. 2.- La feligresía manabita requería un templo que, a la vez que sirviera de refugio espiritual a propios y extraños, también sea un referente urbanístico-turístico para la capital provincial. 3.- Brindar a los manabitas con intenciones de servir a Dios a través del sacerdocio la oportunidad de formarse religiosamente en su provincia, 4.- Ofrecer a la juventud de la provincia una nueva oportunidad para sus estudios superiores. Desde aquella reunión han pasado 17 años, y aquellas obras son parte de la hermosa realidad. Son apenas cuatro ejemplos de la feraz labor administrativa y pastoral de monseñor Ruiz Navas desde Portoviejo para Manabí. Acostumbrados en nuestro medio a aplaudir promesas para después tener que rogar cumplimiento, la eficiencia demostrada por José Mario hace mucho más trascendental su presencia en nuestra provincia. Y si bien su personalidad férrea para unos es polémica, calificándola de soberbia y orgullosa, no hay quien pueda desconocer su entrega a la vigorización del sentimiento cristiano en Manabí. No son lisonjas para un cura, pues José Mario Ruiz Navas no las necesita. Son, simplemente, un reconocimiento público a un hombre que, como los grandes ciudadanos, ha pasado parte de su vida sirviendo a su comunidad; y a un sacerdote, quien a su entrega a Cristo ha unido su amor por Manabí. Con satisfacción nos unimos al reconocimiento público que la provincia merecidamente le hiciera días atrás.
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