Actualizado hace: 10 minutos
DRAMA
Desenterraron cadáver para traerlo a Portoviejo

La nostalgia está de huésped en la casa de la familia Cedeño. Pero no es lo único que han recibido en estos últimos días, pues la violenta muerte de uno de sus miembros también los ha dejado endeudados.

Jueves 06 Enero 2011 | 00:00

Tal parece que las calamidades no quieren irse del seno de esta familia, cuyo padre y madre ha sido doña Rosa Cedeño, quien tuvo que trabajar arduamente para mantener a sus tres nietos que desde pequeño quedaron bajo sus cuidados, pero que aún de adultos siguen siendo su mayor preocupación.
 
Asesinado.
La fatalidad más reciente que sufrió doña Rosa fue el asesinato de su nieto Fernando Jaramillo Cedeño (33). A golpes acabaron con su existencia.
Ocurrió en la vía Pasaje- El Guabo, del cantón Machala, de la provincia de El Oro el 19 de diciembre.
Relataron los periódicos de esa localidad que la víctima no presentaba documentos. Justo el día en que lo hallaron el sol brilló con fuerza en esa ciudad ocasionando que el cuerpo se descomponga y sea enterrado en un hueco sin ser reconocido.
No faltó quien después de dos días llamará a doña Rosa y ella junto a sus demás nietos hiciera los trámites para trasladar el cadáver a su tierra natal.
Tras varios papeleos y gastos el 22 de diciembre el cuerpo de Jaramillo llegó a Portoviejo. Por su avanzado estado de putrefacción fue sepultado de inmediato.

Marcados.
Fernando Jaramillo siempre estuvo marcado por el infortunio. De pequeño su padre lo abandonó a él y a sus otros dos hermanos. No pasó mucho tiempo cuando su madre también  se fue de viaje a Venezuela. Han pasado 30 años y ella ni siquiera regresó al enterarse que él había muerto.
A sus 73 años de edad, Rosa Cedeño comenta que sufrió mucho criando a sus nietos tratando de darles lo mejor.
Una de sus nietas, Estrella Jaramillo, aún la acompaña. En su rostro también se refleja la tristeza, "ahora solo quedamos dos hermanos", comenta, al tiempo de indicar que el día que su consánguinero era sepultado ella cumplía 36 años.
Su mente ya no recuerda tan fehacientemente el rostro de su madre, quien la dejó cuando apenas tenía 6 años. Confiesa que por un tiempo le guardó rencor, pero que ahora ya la ha perdonado. Aunque no es un gran consuelo, Estrella dice que está más tranquila al saber que los restos de su hermano descansacerca, así al menos podrá llevarles flores, aquella que no les entregó en vida.  <

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