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EL MÉDICO ANTE LA MUERTE
EL MÉDICO ANTE LA MUERTE
Por: Alfredo Cedeno Delgado

Lunes 03 Enero 2011 | 00:00

Acostumbrado a sentir el hálito negro de la muerte, a codearse con su presencia ominosa, a luchar contra ella, yo pienso que, cuando el médico presiente la suya, se apresta a pelear contra ella con el mismo ánimo con el que la combatió toda su vida de profesional.


Ha caído, después de una larga batalla contra una dura enfermedad Augusto Pérez Montesdeoca. Y ha caído luchando, envuelto en el optimismo y en la alegría por vivir que nos enseñó permanentemente. Hasta en su enfermedad y en su muerte fue maestro, maestro de la resignación y de la fortaleza ahora, como fue del arte pediátrico durante cuarenta y seis años.
Yo he consignado ya para la historia, como debió asumir sus funciones de médico pediatra del Hospital Verdi Cevallos en el año 1964, reemplazando a otro “grande” como el Dr. Hugo Ávila Cedeño. 46 años atendiendo niños con profundos conocimientos, con honestidad, con pasión, con ese irrefrenable optimismo que lo distinguía y sobre todo con esa solidaridad ante el dolor humano que solo puede mostrar el médico que es médico por vocación.
Y por añadidura fue maestro. Maestro en toda la acepción de la palabra, entregando conocimientos a quien quisiera aprender. Pérez Montesdeoca había comprendido desde joven que unas de las pocas cosas que salva la humanidad es la enseñanza, la transmisión de conocimientos sin egoísmos y sin reparos.
“Un manotazo duro, un golpe helado / un hachazo invisible y homicida, / un empujón brutal te ha derribado…/. Caído Augusto Pérez ante la muerte, repetimos con dolor los versos de Miguel  Hernández; acompañamos a sus familiares en este insondable pesar; prometemos recordarlo siempre, y hacemos a los directivos de salud de la provincia una petición: ¿por qué tener centros de salud innominados? Pónganles nombres de médicos que son emblemas de decoro y de decencia por lo que fueron.
Es una obligación del Estado tributar homenajes a quienes como Augusto Pérez Montesdeoca o Silvio Jiménez Velásquez le dieron lustre a la medicina manabita. <

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