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HISTORIA. ESTOS ÁRBOLES HAN DISMINUIDO CON LOS SIGLOS
Rey bautizó a urbe como la de los Reales Tamarindos

La denominación de ciudad de los Reales Tamarindos para Portoviejo, con o sin estos árboles quedará para la eternidad, ya que fue un bautizo realizado por Felipe II, el rey de España en 1565.

Viernes 15 Octubre 2010 | 00:00



Este bautizo se dio en el tercer asentamiento de esta ciudad, explica el historiador José Arteaga. Cuenta que la fundación fue en el sitio Higuerón de Rocafuerte, en 1535, con el nombre de Villa Nueva de San Gregorio de Puerto Viejo; tres años después, fue trasladada al Higuerón de Picoazá, y finalmente, en 1565, al lugar donde está ahora con la orden del presidente de la Real Audiencia de Quito, Fernando de Santillán.
Justamente en el último traslado, relata Arteaga, el líder de la misión, Bernardo Loaiza, se encontró con un área llena de árboles de tamarindos.
Este hecho trascendió al otro lado del océano Atlántico, donde Felipe II mandó a elaborar un escudo que remitió hacia esta colonia, donde quedó plasmada la frase: "A la muy noble, muy leal Villa Nueva de San Gregorio de Portoviejo, ciudad de los Reales Tamarindos".
Arteaga dice que fue en ese momento en que la ciudad además de recibir ese sobrenombre, también pasó a llamarse Portoviejo (como siempre lo llamó el Rey), en vez de Puerto Viejo.
Así, al pasar los siglos esta denominación, con la cual conocen a Portoviejo en el país, se extendió a su aeropuerto, al estadio, una avenida y otros.

 "CHUPAMANGOS". Este sobrenombre no fue derivado de la realeza española, recalca Arteaga, sino del resto de cantones manabitas, donde han calificado así a los habitantes de Portoviejo por la gran cantidad de árboles de mango que siempre han habido, y por la predilección de degustar su fruto. <

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