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SALUD
Una barrera contra el mal

No es una vacuna, porque eso serviría para prevenir. De lo que se habla es de un tratamiento que resulta bastante simple, y podría ser la respuesta efectiva para hacer frente a un mal cuyo solo nombre hace temblar: el VIH-Sida.

Lunes 19 Julio 2010 | 00:00


 
Para llegar a lo que hoy es el 'inmunomodulador', Ángel Ramírez Castro, médico especialista en alergia, inmunología y genética, comenzó sus investigaciones hace más de tres décadas. En 1978 inició con el Proyecto de Investigación de Enfermedades Crónicas (PIEC). Así, se diseñó el Inmunomodulador Derivado de Bacterias Inactivadas (IDBI).
Las primeras enfermedades que se trataron fueron la ictiosis y el acné. En cuanto a la primera (los afectados presentan escamas en la piel), se observó que con la aplicación del IDBI se interrumpía la inflamación crónica y mejoraba la calidad y funcionamiento de la piel. Después se ha tratado asma bronquial, adenoiditis crónica, faringoamigdalitis y toxoplasmosis, entre otras afecciones.

Ven una luz
El médico señala que luego de comprobar el efecto del inmunomodulador en Herpes Zoster, Herpes genital y CMV, se tendió el puente para tratar a pacientes afectados por VIH-Sida, y "los resultados fueron evidentes en los pacientes de sexo femenino" de estadíos (etapas) avanzados. La aplicación del IDBI, con o sin la aplicación de Antirretrovirales (ARVs) "conseguía reconectar el sistema inmunológico".
En otras palabras, lo que Ramírez y su equipo -forma parte de él su hijo Orlando, también médico especialista en inmunología- han observado es que el inmunomodulador equilibra las defensas del organismo: si son bajas las eleva y si son demasiado altas las hace descender hasta el nivel óptimo. El VIH-Sida produce una disminución del sistema inmunológico, dejando a la persona inerme ante el ataque de distintas enfermedades.
Aparentemente, las mujeres son las más beneficiadas con el tratamiento, debido a que por tener doble cromosoma "X" -los hombres tienen "XY"- acumulan 300 genes más.
La aplicación del IDBI lleva 10 dosis dadas a lo largo de 2 meses y cuesta en total 300 dólares. Se da una sola vez.
Se está haciendo seguimiento de pacientes, explica Ramírez Castro, y en más de un caso se ve que el mal ha retrocedido e incluso no se ha transmitido a los hijos, si la mujer los tuvo tras quedar infectada.
El laboratorio del Centro de Investigación y Tratamiento de Enfermedades Infecciosas e Inflamatorias Crónicas (CITEIC) en la clínica San Antonio de Portoviejo ha crecido en complejidad, con una inversión cercana a los 300.000 dólares. Se reservan los nombres de los pacientes, pero son muchos los que reciben tratamiento. El trabajo de investigación continúa, buscando consolidar una barrera contra el mal.

Ángel Ramírez
BIÓLOGO MOLECULAR
“Ya un laboratorio de renombre ha expresado su interés en apoyar las investigaciones”.

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