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Libertad de prensa y la censura
Libertad de prensa y la censura
Por: Ramón Roberto Rivadeneira

Martes 06 Julio 2010 | 00:00

El periodismo y el Estado son dos hermanos que se celan mutuamente. Cuando el periodismo se hace demasiado fuerte, el Estado le corta las alas.

La misión esencial de un periódico es de informar, de dar noticias de algo, llevar al conocimiento de otros un hecho o las causas y consecuencias. La intención es, pues, difundir con ánimo de convencer al destinatario, vendiéndole una verdad que el que escribe ha descubierto y el que compra y lee está ansioso por conocer.
En el año 1200 estaba ya vigente en Inglaterra una ley que sancionaba a los propagadores de noticias falsas. Las noticias en ese tiempo se hacían a través de un manuscrito llamado AVISO que un profesional de noticias (Noticiero) enviaba a sus clientes dándole aviso de lo que ocurría en el país, relacionado con el comercio y la política.
La libertad de prensa es la libertad que tiene el hombre de dar a conocer sus ideas por cualquier medio. Ningún poder puede ni debe dañar ese derecho natural de comunicar a los demás esos pensamientos. Sin embargo, las restricciones impuestas por autoridades son tan antiguas como el hombre mismo. Así, 2000 años antes de Cristo, según algunos egiptólogos, los autores de los papiros que no se adecuaban a diferentes cánones eran perseguidos y encarcelados. En Francia, Luis XIV reprimió con severidad los datos de prensas. En el Ecuador Eugenio Espejo fue reprimido por los españoles cuando en su periódico  "Primicia de la Cultura de Quito" denunciaba los abusos que se cometían".
En 1695, Inglaterra fue el primer país en abolir la censura. En 1789, después de la Revolución Francesa se declararon los derechos del hombre y del ciudadano, sentando el principio de libertad, que entre otras cosas dice: "La libre comunicación  de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciados del hombre, todo ciudadano puede, por lo tanto, hablar, escribir, imprimir libremente, salvo responder por el abuso de esa libertad, en los casos determinados por la Ley.
El libre uso de la prensa es uno de los grandes baluartes de la libertad y no puede ser restringido sino por gubernamentales y gobiernos despóticos.
A finales del siglo XVII se le atribuye a Jhon Milton el primer alegato a favor de esos principios y de ese derecho cuando escribió: "Quien mata un hombre, mata un ser viviente, imagen de Dios, pero destruye un buen libro, mata a la razón misma, destruye la quinta esencia espiritual de la existencia".
Por encima de todas las libertades, dadme la de conocer, la de decir y de discutir libremente según mi
conciencia.

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