Actualizado hace: 1 hora 40 minutos
La universidad ecuatoriana
La universidad ecuatoriana
Por: José Cevallos Murillo

Sábado 26 Junio 2010 | 00:00

Dime cuánto has leído y te diré cuánto vales. Dame el nivel cultural de un país y te diré cómo anda su desarrollo. Dame la calidad de la universidad y te diré cómo piensa su gente.

Dame el coeficiente de pobreza del pueblo y estimaré el Gobierno que tiene.
Me visitaron dos arquitectos uruguayos interesados sobre el país; cuando informaba sobre Manta, uno de ellos me dijo: llévame a recorrer dos calles de tu pueblo y te diré como piensa la gente; eran urbanistas con dimensión europea. En otra ocasión, a un periodista nacional le contesté que mientras el país mantenga su bajo nivel cultural, difícilmente habrá gobernante que pueda desarrollarnos. Revisemos nuestra política y sus permanentes fracasos.
Aún mantengo el concepto de lo que es una universidad, a pesar de las quejas que existen actualmente. Es el conjunto de facultades con objetivo en el estudio y la investigación, en la que se debe escoger a los profesores entre los profesionales más preparados en las materias correspondientes con conocimiento, experiencia y preparación para la enseñanza; sus estudiantes o aspirantes a profesionales deben ser seleccionados para justificar la inversión cultural, económica y práctica en la transferencia del conocimiento y poder entregar a la sociedad el soporte científico y técnico para el desarrollo del país; y lo más indispensable, la correcta y cumplida administración para la ejecución de los programas, clases, exámenes,  entrega de títulos con una visión eficiente del compromiso que tiene la Institución con el futuro de la humanidad. No cumplir con tener profesores acreditados, aptitud y dedicación al estudio de los interesados, correcta y honorable administración, significa que desmerece el título de universidad.
Tuve excelentes profesores, varios de nacionalidad extranjera como Gilberto Gatto Sobral, recordado por la dedicación, sabiduría y amplitud de sus conocimientos y la virtud de enseñar más allá de lo que podía: “qué belleza la arquitectura de la casa del montubio de tu tierra” y con generosidad justificaba esos valores; plausible la responsabilidad de aquellos profesores que jamás se atrasaron ni faltaron a clases cuando las calificaciones pasaban directamente a secretaría y había respeto entre profesores y alumnos  con dedicación total a la enseñanza, al estudio y a la práctica profesional, que exige esfuerzo y  retribuye con seguridad en el aporte científico, técnico y artístico al país.
El actual fracaso de la universidad  es culpa  de los administradores.
La baja calidad no se soluciona cerrándolas. Todas están autorizadas a otorgar títulos profesionales sin la preparación académica y responsabilidad profesional. La solución está en reconocer  cuáles deben otorgar títulos de acuerdo a su preparación.

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