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Cambiar de semblante
Cambiar de semblante
Por: Lorenzo Bravo Delgado

Viernes 18 Junio 2010 | 00:00

Cuando una ciudad por fuerza de las circunstancias se sumerge en el caos político, económico o de cualquier índole, tiene que por fuerza de la razón imponerse la actitud positiva de su máximo representante, con el deber ineludible de actuar con altivez, coraje y positivismo para encarar una realidad tangible, como es la crisis que afronta Portoviejo.

Demostrar convicción a fin de difundir ánimo a sus representados. Sacar a relucir la estirpe para expresar con temple de capitán que el caos tiene que terminar, que la mala hora pasará para volver a ser la ciudad dinámica, visionaria y emprendedora que fuera antes. Pero si por el contrario, quien está obligado a transmitir optimismo actúa dando muestra de debilidad y pasividad, está alentando el pesimismo colectivo.
Supuestamente es lo que está ocurriendo en la capital de los manabitas, la actitud de su alcalde no es la aconsejable. Se le nota desesperanzado y no da ejemplo de coraje y señales a una pronta solución a los problemas que mantiene postrada a la ciudad de Portoviejo.
No hay que sentirse derrotado. Si una puerta se cierra, otras se abrirán. Si persiste esa calma que deja entrever, sea en la televisión como en la prensa escrita, se empieza a dar la sensación que no es como se pregonaba: “déjenme trabajar que yo sé lo que tengo que hacer”.
La ciudadanía dudará de la capacidad para enfrentar el caos, que por otro lado no es culpa suya sino de administraciones pasadas que entregaron al cantón a los triunfadores que, obnubilados por la victoria obtenida, lo recibieron sin un drástico y rígido inventario, razón por la que ahora no se sabe a quién echar la culpa de lo que está pasando.
La ciudadanía está esperando un pronunciamiento de su alcalde; y, si le es posible, hágalo conocer mediante hojas impresas para que se entere el pueblo en su conjunto.
Que empiece a vislumbrar que hay un líder que está decidido a luchar con coraje y decisión en pro de un Portoviejo altivo y soberano que marcha a la vanguardia de su alcalde, respaldándolo en su accionar.
El camino, aun siendo tortuoso, hay que transitarlo. Solo falta coraje y cambiar de semblante.

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