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Los padres en la senectud
Los padres en la senectud
Por: Ramón Roberto Rivadeneira

Viernes 18 Junio 2010 | 00:00

Los viejos viven amando, son felices, su mundo ha pasado; pero los astros en sus órbitas no se pierden y vuelven a sus ojos cada día.

El fuego del padre, sigue vivo en el corazón del hijo. Sus placeres, sus esperanzas son herencia que nos enriquecen en vida.
Si un viejo amó en sus días, si fue amado, no digáis que es infeliz.
Los viejos son el espíritu divino ardiendo cual llama dentro de un vaso tosco, pero de materia noble, que se presenta a los mortales, asombrados como genios superiores a los seres que pueblan la tierra.
A esos viejos que a pesar de su pobreza, se ven obligados a trabajar como padres jóvenes buscando el dinero con el sudor de su frente, para llevar el pan nuestro de cada día, arando la tierra, golpeando el martillo sobre la madera, que se adentra al mar con su red, va mi bendición, mi nostalgia  por el mío y el de muchos que están muertos, para regocijarnos de sus recuerdos.
También es comprensible de algunos hijos, que no sienten nada por sus padres, porque algunos de nosotros regamos semillas en tierra estéril o en campo despoblado, y ellos sin más herencia que su propio poder, sin pulir y cultivar el alma; que se levantaron solo, que con su inteligencia y la fuerza del corazón se hicieron grande. Mis respetos y mi comprensión.
Los viejos son virtuosos que obran por el bien del género humano.
Levantando el mundo con las palancas del valor y la sabiduría.
Si alguna virtud se les perdió hacia el hijo es porque fue golpeado, fue herido y mancillado, sintiendo  mordida el alma por el abandono de unos y la ingratitud de otros.
Los viejos son personas vulnerables, que descansan en la fría atmósfera donde los ha metido el tiempo.
El afecto de sus hijosm las caricias de sus nietos les abrigan el alma y en el calor del hogar donde arden las virtudes algunos reciben el aliento de las llamas de la gloria.
La memoria del viejo es un universo de todas las cosas de la vida en forma de globos resplandecientes, en cambio el joven ardiendo, esperando, mirando el futuro, mirando los años que como tropel se les viene encima.
El viejo es voluntad, tesón, poder irrestricto, es un alma pura y luminosa, es fuerza creadora es espíritu del universo que rueda por los ámbitos de la inmortalidad.

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