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Aníbal Plúa Tagle
El Día del Padre

Una fecha como la del Día del Padre constituye un motivo de reflexión para llevar adelante la unidad del hogar; el padre y la madre, unidos por los hondos lazos de sangre y por los mismos ideales, están en capacidad de llevar a los hijos por los caminos del bien.

Jueves 17 Junio 2010 | 00:00


Padre es el varón o macho que ha engendrado, es el hombre que tiene uno o más hijos de uno u otro sexo. Es el jefe de una familia, aun cuando no tenga prole es jefe de una casa.
Es la cabeza de una estirpe, familia o pueblo, creador, iniciador, promotor.
Padre es el embrión encarnado que nos dio la existencia cumpliendo la consigna de la procreación; que vela por los hijos e hijas con hombría y conciencia brindándonos ternura, ejemplo y protección.
Al padre se le ha atribuido la jefatura de la familia; sobre él descansa el respeto, honor y dignidad de la casa. Al sentirnos frente a su presencia hay una profunda seguridad que nos alienta para enfrentar los desafíos de la vida.
Es importante que se reconozca, como hijos, que por el corazón del padre corren raudales de ternura, no importa su condición: con preparación o ignorante, indio, mestizo, cholo, montubio, blanco, negro, rico o pobre, él reserva para los suyos cariño y abnegación hasta cuando llega el crepúsculo de su vida. Tras su apariencia de estricto hay un alma sensitiva y noble, tanto que para no causar tristeza prefiere morder en silencio su amargura.
El padre recibe en su hogar a todos sus hijos con la misma sonrisa de alegría y satisfacción, ama a todos de la misma manera, es un hombre sabio al que hay que respetarlo y de quien hay mucho que aprender porque ellos son seres dignos en el trabajo, generoso en el hogar, serenos en el peligro, enérgicos en corregir, bondadosos para estimular, preparados y capaces hasta el sacrificio.
Dentro de este contexto debo manifestar que tuve la suerte de tener un padre muy ejemplar, el Sr. Pedro Juvencio Plúa Cevallos, de quien recibo continuamente sus bendiciones desde el cielo. Él me inculcó excelentes valores como: la preparación intelectual, el respeto, el trabajo, la ética, la honradez y la bondad, que han sido y siguieran siendo la carta de presentación en el ejercicio profesional de la docencia y la abogacía.
Hoy, más que nunca, los hijos e hijas deben revalorar a sus padres y darles el sitial o lugar que verdaderamente le corresponde en sus vidas y recordar siempre que en su hogar tienen al mejor amigo: su padre, quien sólo tiene como interés la felicidad y el bienestar del hogar y la familia.
En el Día del Padre no lloremos su ausencia cuando esté en la tumba, no nos golpeemos el pecho de arrepentimiento por no haberle asistido en vida, no lloremos nuestras desgracias por no escuchar sus buenos consejos. ¡En vida señores, en vida comuniquémonos física y espiritualmente; este será el regalo precioso que recibirá nuestro padre en este día ¡Feliz día a todos los padres del mundo!

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