Actualizado hace: 4 horas 50 minutos
Vida
Mi hijo pregunta ¿qué le digo?

“No, basta,/ porque cuando quiso hablarte de sexo,/ se te subieron los colores al rostro y te fuiste”, es una canción de Franco de Vita, en la que se dice que lo más importante es el diálogo.

Lunes 14 Junio 2010 | 00:00


 
Las preguntas que muchas veces hacen los niños plantean dificultad para responder. Así, cuando ellos quieren saber todo “debemos contestar con la verdad”, dice Alexander Proaño, padre de familia.
Para la orientadora Vilma Zamora, la edad apropiada para que los niños conozcan sobre diversos temas es desde los seis años, pues es la edad en que los padres deben ayudar a despejar las dudas que mantienen sus hijos; es recomendable  hablar siempre con la verdad y no con mentiras, de esta manera se ganan la confianza del niño.

Recomendaciones
La psicóloga Natasha Mendoza  manifiesta que la madre siempre debe usar las palabras apropiadas para decir las cosas, y no estar con rodeos ante las preguntas que hacen no solo los niños, sino tambien los jóvenes. En el hogar se tiene una formación, y la escuela o colegio se la refuerza, señala Mendoza.
Vilma Zamora, orientadora educativa, expresa que los padres siempre deben tener una respuesta para todo, y más cuando los niños tienen cómo descubrir las respuestas a sus preguntas a través de la tecnología.
Otra de las formas de ayudar a los hijos es demostrarles que los padres también pueden ser sus amigos, y establecer a la larga un vínculo de confianza donde se puedan contar sus problemas sin regaños.
Los padres de familia muchas veces suelen alterarse ante las preguntas de los hijos. Lo primero que se debe hacer es tomar las cosas con naturalidad, sumando otras actitudes positivas que es conveniente tener en cuenta para no ser cogidos 'en frío'. Aquí algunas de ellas:
Valorar la pregunta del niño o joven. Es la mejor señal de su avance en cuanto a madurez y curiosidad.
Mirar a los ojos cuando se habla o pregunta. Nunca evadir la mirada, eso le hará pensar que ha cometido alguna falta que merece su indiferencia.
Usar palabras fáciles de entender por él, de acuerdo a su edad.
No escandalizarse. No cuestionar el lugar, ni el tema, ni el momento de la pregunta que se hace.
 

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