Actualizado hace: 28 minutos
Fernando Naranjo-Villacís
En el día del padre

La celebración del día del padre, nos lleva hoy a una reflexión muy particular. Lo más cómodo hubiese sido escribir unos hermosos párrafos inspirativos, pero la triste realidad de nuestros días nos mueve a meditar un poco más allá del regocijo propio de este tradicional festejo.

Domingo 21 Junio 2009 | 23:48

Qué día feliz puede ser para unos niños que perdieron a su querido padre en un asalto donde fue salvajemente asesinado; o víctima de un robo, secuestro, pérdida de su empleo, etc. O, como ocurrió hace pocos días, un padre que toda su vida dio muestras de ejemplar actitud, hoy sufre la angustia por el dramático desenlace acaecido en su hogar; y cómo superar ese inmenso dolor que lo desconsuela. Ante lo expuesto, nos queda razonar muy detenidamente, en la importancia de potenciar los afectos y darle la prioridad que merecen nuestros seres queridos a muchos de los cuales tenemos abandonados o postergados por las prisas, los compromisos, las distancias. Hoy que la comunicación familiar está prácticamente anulada, pues casi nadie conversa, todos están secuestrados por la tele, el celular o las computadoras, vivimos atrapados por una tecnología agobiante, dejando de lado la alegría que produce la plática amorosa y saludable con la familia. El amor que conduce al respeto de nuestros mayores es lo que dará el sentido trascendente a nuestras vidas, porque el trato que seamos capaces de ofrecer ahora, será el que recibiremos en nuestra senectud. Recordemos que nuestro padre nos ayudó a dar los primeros pasos y esa lección perdurará por siempre, porque así como él con dedicación y amor nos ayudó con esos primeros pasos, será con esa misma actitud amorosa que lo acompañaremos en sus últimos pasos. Al padre mío no lo tengo físicamente, pero perduran las enseñanzas de don Héctor, su ejemplo, su responsabilidad, su grata personalidad, son esos recuerdos que me inspiran a celebrarlo siempre. Aprovechemos la ocasión para motivarnos a integrarnos más en familia, porque sólo el amor familiar nos dará la fortaleza para superar las contrariedades y vivir a plenitud.
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