Actualizado hace: 30 minutos
Tony Touma
Voluntad humana

Es un gran espectáculo el de la lucha del espíritu entre la materia, lucha para la conquista del globo, lucha contra los elementos, contra la peste, contra la miseria, el dolor y la muerte. Por todas partes la materia se opone a la acción del pensamiento en el dominio del arte, es la piedra que resiste el cincel del escultor.

Domingo 03 Mayo 2009 | 21:10

En la ciencia es lo impalpable, lo infinitamente grande que escapa a la observación. En el orden social, como en el privado, son los innumerables obstáculos, las necesidades, las epidemias, las catástrofes. Y sin embargo frente a estas potencias que la acosan y la amenazan por todas partes, el hombre se ha levantado, ser frágil, contando con todo recurso con su voluntad. Y sin tregua, sin misericordia, con ayuda de este único recurso, la ruda lucha se ha proseguido a través de los tiempos y de las edades, más, al fin, un día, la formidable potencia fue vencida, esclavizada, por la voluntad humana. El hombre quiso y la materia se sometió, estos, los elementos enemigos, el agua, el fuego, se han unido rugiendo y han trabajado para él es la ley del esfuerzo, ley suprema por el cual el ser se afirma, triunfa y se engrandece, es la magnífica epopeya de la historia, la lucha externa que llena el mundo. La lucha interior no es menos espantosa. En cada uno de sus nacimientos, el espíritu deberá modelar la nueva envoltura que va a servirle de morada, transformándola en un instrumento capaz de representar, de expresar las concepciones de su genio. El espíritu moldea la materia y le comunica la vida, la belleza por esto, la evolución es, por excelencia ley de estética, las formas adquiridas son el punto de partida de formas más bellas. Todo se relaciona, la víspera prepara el mañana, el pasado crea el porvenir. La obra humana reflejo de la obra divina se desarrolla en forma cada vez más perfecta. La ley del progreso se aplica solamente en el hombre. Es universal, hay en todos los reinos, en la naturaleza, una evolución, desde la célula verde, desde el vago embrión que flota sobre las aguas, a través de las más variadas especies, la cadena llega hasta el hombre. Existe en nosotros una sorda aspiración, una energía íntima, misteriosa, que nos conduce hacia las cimas, que hace que tendamos hacia destinos cada vez más altos, que nos hace avanzar hacia lo bello y el bien. Es la ley del progreso de la eterna evolución que guía a la humanidad a través de las edades y aguijonea cada uno de nosotros.
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