Actualizado hace: 12 minutos
Marco A. Terán Mesías
Ecuador País de contrastes

El ecuador se encuentra en un periodo de desarrollo, en contraste, el pueblo padece de una situación de angustia y miseria; lleva una vida de sufrimientos e inseguridad; se agravan sistemáticamente las condiciones de vida de sus habitantes; el grado de cultura en las mayorías en deficiente; las garantías democráticas que goza son limitadas.

Jueves 30 Abril 2009 | 22:47

Ninguna razón justificada existe para que se mantenga tal estado de cosas. Tenemos extensas tierras para cultivo, consideradas las mas feraces del mundo; riquezas marinas abundantes, reservas minerales y un pueblo laborioso, inteligente y patriota. Con estos elementos básicos, utilizando los adelantos científicos y técnicos del mundo, podríamos alcanzar un gran desarrollo económico y cultural de todos los ecuatorianos, podríamos con bienestar y libertad. ¿Dónde reside, pues, la causa de nuestro atraso y miseria? Solo cabe una respuesta: es producto del régimen económico, político y social imperante. Es evidente que el ecuador ha tenido en las ultimas décadas un cierto desarrollo económico; el volumen de la producción ha crecido notablemente y se han realizado algunas obras apreciables de progreso material. En efecto, la industria aun cuando sigue representando solo la mitad de la producción de la producción agrícola, ha crecido y con ella la clase obrera. En el campo se producen cambios; surgen empresas agrícolas de gran tamaño, en especial en las ramas productivas de conectadas con el mercado de exportación. Por su naturaleza, el crecimiento se hace en beneficio de una minoría privilegiada de terratenientes y capitalistas, y de los monopolios extranjeros adueñados de muchas empresas en el país. Ellos se enriquecen cada día más y amasan inmensas fortunas. Como consecuencia de esto, la gran mayoría del pueblo sufre hambre, miseria, ignorancia. Es víctima de la explotación de esa minoría. El ingreso por persona es en el Ecuador de los más bajos de América. La experiencia diaria de la vida nacional confirma estas aseveraciones. Los obreros perciben salarios insuficientes para cubrir las necesidades de la vida. Estos salarios disminuyen constantemente en su valor real. La desocupación aumenta constantemente. Por estas razones la juventud contempla con angustia su porvenir, se les prepara y no se les ofrece un trabajo asegurado, siendo presa de puros ofrecimientos y, en su desesperación buscan a veces caminos errados al mismo tiempo que los mejores cuadros técnicos emigran del país en busca de trabajo. Es evidente, pues, que el desarrollo no ha servido al pueblo.
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