Actualizado hace: 36 minutos
Horacio Hidrovo Peñaherrera
El paisaje de “Los Designios” de Luis Félix López

Cuando hacemos uso de un transporte de pasajeros, situado en el centro de la provincia de Manabí, y emprendemos la ruta hacia el norte, iniciamos el maravilloso viaje del reencuentro espiritual con el paisaje narrado por Luis Félix López en su gran novela, “Los Designios”. Es decir, Portoviejo, Rocafuerte, El Pueblito, Charapotó, San Jacinto y San Clemente, reeditamos el paso de algunos de los personajes, como Pedro Panta, la Sombra Parada y otros inmersos dentro del realismo mágico.

Martes 17 Febrero 2009 | 21:03

Existen razones fundamentales y reales, para que Luis Félix López haya fundido magistralmente la montaña con el mar. En la novela citada, los habitantes, casi todos creyentes de un pasado, esencialmente tradicional, no tienen relojes en las casas, pero conocen la división del tiempo por hechos circunstanciales. Por ejemplo dicen, deben ser las doce, porque ya pasaron las mulas plateadas del cholo Panta. Pero ocurre que Pedro Panta, ya está muerto en la novela, pero siguen vigentes los recuerdos a través de las mulas plateadas. Eso es exactamente Manabí, una confluencia de paisajes extremos. Las pozas de sal entre San Jacinto y San Clemente, responden a una época que la ubicamos en los años cuarenta. Los niños de entonces, encaramados en los camiones de tres filas, absorbían ese tipo de paisaje, pero es cierto, la jungla, la montaña y las tabladas estaban más allá, después de los pequeños desiertos. Ahora no nos queda, a los profesores responsables, que volver a revisar las páginas de esta novela, tránsito indiscutible del realismo social al realismo mágico, etapa fundamental del tránsito de la novela manabita, que viaja entre Santa Ana, Chone, Manta, Charapotó y Jipijapa, en las novelas “Un Hombre y un Río”, La Mula Ciega, Sed en el Puerto, Los Designios y Dos Hombres Importantes. Ya tendremos tiempo y espacio para avanzar en el estudio de la novela manabita, la cual nació sin marketing y con el egoísmo acentuado de los críticos centralistas, que se olvidaron que Manabí también huele a país y patria total. La cátedra de Literatura, tiene en los momentos actuales bastantes proyectos que cumplir, uno de ellos, enseñar por fin la poesía y la narrativa regional, por supuesto, la que ya pasó por el tamiz de los auténticos críticos.
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