El gastroenterólogo y endoscopista Gregorio Santana, en entrevista con Manavisión Plus , explicó que el hígado graso es una de las enfermedades silenciosas más comunes y subestimadas en la población. Su origen, señaló, está estrechamente relacionado con la ingesta elevada de azúcares, carbohidratos refinados, frituras y alimentos procesados , factores que facilitan la acumulación de triglicéridos en el hígado. Esta condición suele desarrollarse sin síntomas, lo que hace que muchos pacientes la ignoren hasta que el daño avanza hacia etapas más complejas.
Según Santana, la enfermedad presenta tres grados y puede evolucionar a inflamación, fibrosis y cirrosis, donde el órgano ya no tiene capacidad de recuperación. En sus formas más avanzadas, incluso puede detonar cáncer hepático o insuficiencia severa. Por ello, advierte que el diagnóstico temprano resulta fundamental para detener una progresión que, una vez instalada, puede ser irreversible.
El especialista recalcó que, aunque diciembre suele ser un mes de excesos , la solución no consiste en compensar en enero con ejercicio repentino. Explica que la fibrosis no se revierte y que el equilibrio debe mantenerse durante todo el año. El aumento del gasto energético debe acompañar al incremento de la ingesta, de lo contrario el organismo almacena el excedente directamente en el hígado.
Santana advirtió que el hígado graso no solo afecta al sistema hepático, sino que puede convertirse en la puerta de entrada al síndrome metabólico. El sobrepeso, la falta de actividad física y la mala relación con los carbohidratos y azúcares elevan la probabilidad de desarrollar hipertensión, diabetes o problemas cardiovasculares. Según su análisis, estas enfermedades comparten los mismos detonantes, lo que explica la frecuencia con la que se presentan juntas en muchos pacientes.
El especialista subrayó que el consumo excesivo de alcohol agrava el panorama, independientemente del tipo de bebida o del estilo de vida del consumidor. Sostiene que tanto una persona sedentaria como una físicamente activa pueden sufrir daño hepático asociado al alcohol, ya que lo perjudicial es la concentración alcohólica y no la marca o calidad del producto.
También mencionó que el riesgo incrementa cuando la dieta incluye carnes procesadas, embutidos y alimentos con alto contenido de grasa. Este patrón, combinado con falta de movimiento, genera un ambiente ideal para la acumulación de triglicéridos y el avance de la enfermedad sin aviso.
De acuerdo con Santana, persisten ideas erróneas que confunden a los pacientes, como creer que ciertos licores causan menos daño o que beber solo los fines de semana resulta inofensivo. Sin embargo, explica que cualquier frecuencia mantenida en el tiempo acumula efectos negativos, incluso cuando la persona cuida su alimentación o practica ejercicio.
El especialista también abordó el caso particular del vino. Aunque contiene compuestos que pueden beneficiar al sistema cardiovascular, advierte que esos efectos solo se mantienen con un consumo moderado. Más de una copa diaria pierde cualquier beneficio potencial y se convierte en riesgo, ya que el alcohol sigue actuando como tóxico hepático.
Ante estas percepciones sociales, Santana recomienda eliminar la idea de que un “pequeño trago diario” puede mejorar la salud. Asegura que, al contrario, esta práctica habitual puede acelerar la aparición de esteatosis hepática y favorecer complicaciones metabólicas que podrían evitarse con cambios simples en el estilo de vida.
Santana alertó sobre el crecimiento de casos en población infantil y juvenil. Explica que el sedentarismo derivado de largas horas frente a pantallas, juegos digitales y dispositivos móviles está afectando directamente el metabolismo de los menores. A esto se suma la costumbre de premiarlos con comida rápida, pizzas, hamburguesas o bebidas azucaradas, lo que genera patrones alimentarios difíciles de revertir en la adolescencia.
En la provincia y en el país, esta tendencia se vuelve cada vez más evidente. Según el especialista, la esteatosis hepática ya es una de las principales causas de cirrosis en adultos, pero ahora comienza a aparecer en edades tempranas debido a la mala alimentación y la falta de ejercicio. Esta situación incrementa el riesgo de que desarrollen enfermedades crónicas en la adultez.
El médico sostuvo que, aunque el hígado graso es tratable cuando se detecta temprano, la cirrosis no tiene cura. Por este motivo, recalca que es fundamental intervenir antes de que el órgano avance hacia procesos inflamatorios profundos o fibrosis severa.
Sobre la evaluación médica, Santana señaló que los adultos deben realizarse controles anuales con laboratorio y ecografía. En casos donde ya existe evidencia de hígado graso, la vigilancia debe ser más frecuente. Si se identifica inflamación o fibrosis, los exámenes deben repetirse en intervalos de tres a seis meses para definir el tratamiento adecuado y evitar complicaciones.
El especialista destacó la importancia de herramientas como el Fibroscan o la elastografía hepática, métodos no invasivos que permiten medir la rigidez del hígado y conocer el grado de daño. Añadió que es necesario individualizar el manejo según la presencia de diabetes, hipertensión o resistencia a la insulina, condiciones que suelen acompañar a la enfermedad.
En sus recomendaciones finales, Santana insistió en r educir el azúcar, evitar productos procesados y preferir proteínas, vegetales y frutas sin añadidos. Recalcó que el ejercicio debe ser constante, no estacional, y que las fiestas no deben convertirse en excusa para hábitos perjudiciales. Afirmó que la salud hepática depende de decisiones diarias y no de compensaciones repentinas.
https://www.eldiario.ec/vida/la-carga-emocional-de-diciembre-psicologa-explica-como-afrontar-recuerdos-comparaciones-y-tensiones-familiares-durante-las-festividades-09122025/
