Hoy, 15 de febrero, la comunidad internacional conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil con el objetivo de concienciar a la sociedad y a los sistemas de salud sobre la necesidad de un acceso rápido al diagnóstico y tratamiento.
Esta fecha busca visibilizar una realidad que afecta a miles de familias anualmente, subrayando que, a diferencia del cáncer en adultos, la mayoría de los casos pediátricos no tienen una causa externa conocida, lo que convierte a la detección temprana en el factor determinante para la supervivencia.
Cáncer infantil, un desafío para la salud pública
El cáncer es una de las principales causas de mortalidad entre niños y adolescentes en todo el mundo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se diagnostican aproximadamente 280.000 niños de entre 0 y 19 años con esta enfermedad.
En los países de ingresos altos, la tasa de curación supera el 80%, mientras que en países con recursos limitados, esta cifra puede descender drásticamente debido a la falta de equipamiento y personal especializado.
La disparidad en la supervivencia resalta la importancia de fortalecer las infraestructuras sanitarias y la educación de los cuidadores primarios.
El objetivo de la Iniciativa Mundial de la OMS contra el Cáncer Infantil es alcanzar, al menos, una tasa de supervivencia del 60% a nivel global para el año 2030, priorizando el tratamiento del dolor y el apoyo psicológico integral para el paciente y su entorno familiar.
Señales de alerta para padres y cuidadores
El reconocimiento de síntomas iniciales es vital, ya que muchas veces se confunden con enfermedades comunes de la infancia. Los especialistas médicos recomiendan prestar atención a los siguientes signos:
- Fiebre persistente sin causa aparente que dura más de una semana.
- Pérdida de peso repentina y cansancio extremo (letargia).
- Dolores de cabeza fuertes acompañados de vómitos, usualmente por las mañanas.
- Aparición de bultos o masas extrañas en el cuello, axilas, ingle o abdomen.
- Hematomas (moratones) o puntos rojos en la piel (petequias) sin haberse golpeado.
- Dolor persistente en huesos y articulaciones.
- Crecimiento anormal del abdomen.
- Mancha blanca en la pupila cuando le da la luz o reflejos inusuales en fotografías.
El proceso de diagnóstico y tratamiento
Una vez detectada una irregularidad, el paciente debe ser remitido a un oncólogo pediatra.
El diagnóstico suele confirmarse mediante análisis de sangre, estudios de imagen (radiografías, ecografías, resonancias) y, en muchos casos, biopsias de tejidos o médula ósea.
Los tipos más comunes de cáncer infantil incluyen la leucemia, los tumores cerebrales, los linfomas y los tumores sólidos como el neuroblastoma.
A diferencia de los adultos, los niños suelen responder mejor a los tratamientos de quimioterapia debido a que los tipos de cáncer pediátrico suelen ser de crecimiento rápido y más sensibles a estos fármacos. Sin embargo, el seguimiento a largo plazo es indispensable para monitorear posibles efectos secundarios en el desarrollo físico y cognitivo del menor, garantizando una calidad de vida óptima tras superar la enfermedad.

