Jano, en la mitología romana, era el Dios de los comienzos, transiciones y finales. A él se le consagró el mes de enero. Poseía dos caras que miraban en diferente dirección: observaba los acontecimientos del pasado y también los del futuro.
El origen de los términos derecha e izquierda se encuentra relacionado con la revolución francesa de 1789. En las asambleas, los diputados conservadores de tendencia monárquica ocupaban los asientos en la parte derecha, mientras que los representantes de las ideas republicanas y democráticas ocupaban los asientos en la fracción izquierda frente al presidente.
De manera persistente, el término derecha se interpreta como la defensa del orden establecido. En la izquierda se ubican los que se oponen a dicho orden y buscan sustituirlo por otro. Así, el término derecha rememora los viejos buenos tiempos. El término izquierda posee la expectativa de lo nuevo; generalmente pone en duda el orden establecido. Sin embargo, tales conceptos no son atemporales. Hubo una época en que ser liberal era ser de izquierda (Francia, 1830). En otra época, ser demócrata-cristiano era ser de centro (1930), pero luego equivalía a ser de derecha (Italia,1960). Es decir, el contexto determina la validez del término.
La neurobiología indica que la oposición entre derecha e izquierda a nivel social, se vuelve persistente debido a ciertos cambios en los dos hemisferios cerebrales y la concentración variable de la materia gris en la amígdala (tendencia de derecha) o un mayor volumen en la corteza cingulada anterior (tendencia de izquierda). Además de la tendencia consciente del ser humano de mirar siempre al pasado o al futuro (Jano).
El fenómeno político en la sociedad de vertebrados superiores se manifiesta, en su forma más elemental, en el aparecimiento de jerarquías de tipo lineal; útiles para los que dominan, pero no para los dominados que se encuentran en la base. Generalmente, el acceso a los puestos superiores o al poder es el resultado de una lucha entre varios candidatos en donde la demostración de fuerza, energía, astucia, audacia, o del que llama más la atención de manera sónica, logra el objetivo de conquistar el dominio.
En todo caso, cualquiera que sea la orientación cerebral que se tenga o la dominancia obtenida, no reemplazará el análisis científico de los problemas puntuales para su resolución.