Manabí es una tierra donde el mar conversa con los bosques secos, donde los ríos alimentan los valles productivos y donde cada amanecer encuentra a miles de agricultores, pescadores y emprendedores construyendo el futuro. En esta provincia, la economía verde no representa una teoría distante; constituye una necesidad estratégica para alcanzar un desarrollo local sostenible, resiliente e inclusivo.
Las estadísticas reflejan la importancia de este potencial. De acuerdo con la Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua (ESPAC), Manabí concentra más de 1,5 millones de hectáreas dedicadas a actividades agropecuarias, consolidándose como una de las principales provincias productoras del país. A ello se suma una importante cobertura de bosques y vegetación natural, que cumple funciones esenciales para la regulación hídrica, la conservación de la biodiversidad y la captura de carbono. Estos recursos constituyen una base estratégica para impulsar actividades económicas sostenibles vinculadas a la agricultura responsable, la bioeconomía, el turismo de naturaleza y la gestión eficiente de los recursos naturales.
La economía verde no debe entenderse únicamente como una política ambiental; es una visión de desarrollo que reconoce que la prosperidad de los territorios depende de la salud de sus ecosistemas. Un río limpio no solo conserva especies, también abastece sistemas de riego, fortalece la producción agrícola y garantiza agua para las comunidades. Un bosque protegido no es una superficie improductiva; es una infraestructura natural que sostiene el equilibrio climático y la seguridad hídrica. Como las raíces invisibles que sostienen un gran árbol, los ecosistemas sostienen silenciosamente la economía y el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
Para convertir esta visión en realidad, Manabí debe fortalecer programas de restauración de cuencas hidrográficas, incentivar la agricultura sostenible, promover emprendimientos verdes, desarrollar cadenas de valor basadas en la economía circular y ampliar el turismo comunitario y ecológico. Asimismo, es fundamental impulsar incentivos financieros para proyectos sostenibles, fortalecer la educación ambiental y consolidar alianzas entre gobiernos locales, sector privado, academia y comunidades. Solo mediante una planificación territorial que integre producción, conservación e innovación será posible construir una economía más resiliente, competitiva y sostenible, capaz de generar oportunidades sin sacrificar la riqueza natural que distingue a Manabí.
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