El regreso del journaling no es una moda de las redes sociales; por el contrario, representa el redescubrimiento de una práctica tan hermosa como antigua: escribir para comprender nuestros pensamientos, emociones, recuerdos y experiencias. En un sistema en el que la información debe ser tan corta, concisa y, sobre todo, basada en imágenes —porque cada vez menos personas desean invertir tiempo en leer—, escribir es una manera de recuperar calma, concentración y enfoque. Regresamos al journaling —entre paréntesis, nunca lo he dejado; antes bien, lo he potenciado con la caligrafía— para favorecer el bienestar emocional, reducir el estrés y encontrar un momento de soledad y meditación.
Hablemos de los beneficios de escribir:
1) Organización de ideas. Tal como nos enseñaron en el colegio con el método de investigación, donde uno propone objetivos, métodos, preguntas y herramientas, en la cotidianidad podemos utilizar un cuaderno y un esferográfico para redactar ideas y, a la vez, ordenarlas y simplificarlas. Poner los pensamientos en palabras permite analizar los problemas con claridad y reducir la saturación mental. De pronto hallamos la solución que tanto buscábamos o, mejor aún, los problemas desaparecen.
2) Progreso personal. Es necesario escribir para facilitar el proceso de aprendizaje, la captación y retención del conocimiento. En la adultez, redactar sobre lo aprendido durante el día, las equivocaciones cometidas, los pendientes, las preocupaciones o las metas puede comprometernos con hábitos juiciosos que mejoren la calidad de vida.
3) Tiempo de calidad. Sí, escribir es una meditación. Un tiempo de soledad para autorreconocerse con errores y cualidades, carencias y abundancias, fracasos y virtudes. Identificamos patrones de comportamiento, las situaciones que nos generan estrés, las prioridades y, sobre todo, tomamos decisiones.
4) Agradecimiento. Cultivar la gratitud se asocia con el bienestar emocional, el optimismo y la satisfacción con la vida. Redactar las experiencias positivas que merecen ser valoradas nos permite tener una perspectiva equilibrada y resiliente. En nuestro diario podemos escribir sobre lo mejor que nos ocurrió durante el día, qué detalle nos brindó alegría, qué oportunidad se presentó y que antes no se había valorado. Con el tiempo, releer las anotaciones nos hará descubrir cuánto hemos crecido.
Aún conservo los diarios que mis padres me regalaron desde que era una niña y, sin duda, guardan los mejores recuerdos. En esa etapa correspondía escribir y pegar stickers de Precious Moments; hoy, en la adultez, también me otorgan alegría y calma. Me falta trabajar en la caligrafía; no tengo el trazo más estético, pero algún día dominaré una escritura elegante como la de Da Vinci. Lo importante es que la belleza de la letra y la del alma coincidan.