Los resultados que deja la gestión y el trabajo de las universidades públicas merecen un debate serio. Formar miles de profesionales cada año pierde sentido si esa inversión no se traduce en empleo, productividad y desarrollo.
La educación superior no puede evaluarse solo por el número de títulos entregados, sino también, y sobre todo, por su capacidad para responder a las necesidades reales del país y aportar al progreso de la sociedad.
En los últimos años, las universidades de Manabí han graduado cerca de 60.000 profesionales. Sin embargo, apenas el 20 % de la población ocupada posee un título profesional. Muchos graduados trabajan en actividades distintas a su formación, lo que plantea dudas sobre la relación entre la oferta académica y la demanda laboral, además que evidencia una economía incapaz de generar suficientes oportunidades.
Si el problema radica en la formación, las universidades deben revisar sus programas y fortalecer su vínculo con el sector productivo. Si la causa es la falta de empleo, el Estado debe replantear su estrategia de desarrollo.
En ambos casos, se requiere un debate amplio sobre el papel de la universidad pública para que la oferta académica se ajuste a las necesidades del mercado laboral.