Actualizado hace: 5 horas 36 minutos
La teoría de la ventana rota

Martes 23 Febrero 2021 | 09:35

 Amo a mi país, provincia y ciudad adoptivos por su gente, cultura, espíritu y esplendor natural. Sin embargo, de vez en cuando encuentro algo aquí en Manta que me da vergüenza. Un ejemplo es la proliferación de basureros informales en casi cualquier terreno baldío, desde barrios marginales hasta urbanizaciones cerradas.

Esta práctica no solo es ilegal y súper repugnante, peligrosa, pestilente, y alberga mosquitos, ratas, serpientes, escorpiones y más. También es una clara muestra de que los habitantes de estos sectores carecen de orgullo propio, respeto por su tierra y de la imagen de su comunidad.
Los efectos pueden ser más profundos que superficiales. La teoría de las ventanas rotas es una teoría criminológica que dice que los signos visibles de delincuencia, actos antisociales y desorden civil crean un entorno urbano que fomenta la delincuencia y problemas aún más graves. 
En Manta veo más de estos nidos de basura que en otras provincias, o incluso en nuestra ciudad hermana Portoviejo.
Como no quiero quejarme de un problema sin sugerir una solución, permítanme esbozar un posible plan de ataque, que  se basa en colaboración entre los ciudadanos, la municipalidad y la universidad.
Primer paso: los universitarios que estudian ecología diseñan un formulario para recoger información sobre los basurales ilegales, su ubicación, tamaño, tipo de basura, proximidad a hogares y fuentes de agua, otros peligros. Los estudiantes de informática colocan el formulario en la web para que cualquier ciudadano pueda reportar un basural. 
Segundo paso: Después de la recolección de los datos, los estudiantes forman equipos de 2 o 3 personas para inspeccionar físicamente cada sitio y completar un análisis detallado sobre el peligro que presenta cada lugar a su vecindario. Los sitios deben ser ranqueados y la lista se pasa a las autoridades municipales.
Tercer paso: El municipio, utilizando empleados actuales o capacitando a nuevos, junto con voluntarios de cada vecindario, limpia y desinfecta al menos un basural ilegal por semana, comenzando por los peores. Con talleres podrían demostrar a los residentes cómo y por qué los sitios recién desinfectados deben protegerse y mantenerse limpios.
Por supuesto, la implementación de un proyecto como este no sería fácil. Necesita colaboración pública-privada, vigilancia y multas para que la basura no solo cambie de un lugar a otro. Pero aprender a trabajar juntos genera orgullo de nuestros espacios compartidos, eliminando llagas inseguras, antihigiénicas y antiestéticas en el rostro de nuestro hermoso país. Tal vez no podamos solucionar todos los problemas del mundo, pero sí podemos empezar a mejorar el pequeño pedazo que nos ha tocado cuidar.
 
Michael frederic felman
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