Actualizado hace: 56 minutos
El retorno a mi ciudad

Lunes 11 Enero 2021 | 09:15

 Nací aquí, en Portoviejo, hace ocho envejecidas décadas. Y  viví aquí, arropado por el amor de mis padres y el aroma de los tamarindos,  adormecido por el susurrar del río y el canto de los pájaros hasta mi primera docena de años. 

Pude acercarme, en ese lapso, a ese mundo entrañable de las letras para garabatearlas y saborearlas; alargué el respeto que sentí por mis padres para que ese sentir alcanzara a llegar a mis profesores de primaria. Recuerdo, por ejemplo, la admiración que en mí nació por mis profesores Olga Vallejo y Oliva Miranda, entre otros. 
Mi niñez estuvo adornada por amistades escolares y de barrio, con  quienes jugábamos al trompo con piola,  a las canicas, a las escondidas y a los “champions”. En mi niñez jugueteaba con el chorro de agua que, por un tubo, caía del techo de la esquinera casa de la familia Fernández. Está esculpido en mi memoria el kiosko de madera de Arturo para la venta de los “raspados de hielo” y ubicado frente a la casa del capitán Santana. Recuerdo el  árbol de tamarindo que vivió, frondoso, en la esquina de las calles Olmedo y Pedro Gual, junto a la casa del profesor  Mr. Mendocita y frente al negocio esquinero del señor Gilberto Fernández. Pero también hay recuerdos de escenario para adultos como era el Club Unión Manabita, donde pasé horas tratando de ser un as en el juego de billar, a lo que nunca llegué por supuesto, por lo cual el deseo se quedó sólo en sueños de niño.
De ese mundo infantil, comprimido en estas pocas líneas, me alejé para iniciar mis estudios secundarios, luego universitarios y después de especialización. Por supuesto, de vez en cuando visitaba mi ciudad por asuntos de familia. Eran visitas rápidas. Pero esta vez he venido para quedarme en esta ciudad, que sigue siendo mía, para saborearla, para admirarla y para, esperanzado, volver a ser el niño feliz que fui viviendo en ella. Los especialistas dicen que en la vejez, los seres humanos retornamos a nuestra infancia. 
He regresado a ti,  Portoviejo, esta vez de forma permanente, para volver a pisar tu arcilla, para aspirar tu nuevo aroma, ahora renovado por el progreso que has experimentado, para reencontrarme conmigo mismo…….y para entregarte los años que me queden, hasta que Dios me llame a rendirle cuentas. Y  voy a robar las palabras del poeta para decirte “salve ciudad del valle que dominas con altivez de reina castellana”. Hasta siempre ciudad de mi querencia.
 
Raúl Ávila Moreno
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