Actualizado hace: 11 horas 11 minutos
Un mundo gris y sin colores

Viernes 30 Octubre 2020 | 10:47

La tecnología es una herramienta que, usada de manera correcta, se convierte en el arma más poderosa de la humanidad. Se ve reflejado en aquellos que reconocen en ella el poder de la información y expresión crítica, sensible y con propósito ante los hechos que enmarcan una sociedad.

Desde el surgimiento exponencial de la misma, los desafíos han variado, pero casi todos apuntan al fortalecimiento del progreso tanto personal como colectivo que hoy se encuentra en juego. ¿Para bien o para mal? Esa es la pregunta que la humanidad se debe plantear.
Hablar de una transformación en el pensamiento de las personas es un hecho que se vive día tras día, ya que la mayor parte del tiempo la tecnología es y se ha convertido en el aliado más íntimo, aquel que se persigue incluso en los sueños. Resulta extraño no pensar que la era tecnológica cambia, vitaliza, incluso entorpece y no solo vidas, también esperanzas, anhelos, pensamientos, aquello que se desea con cada parte del corazón, un mundo mejor. 
El deseo y la carga constante de datos desde luego saturan, obligando a una adaptación y selección de contenidos muchas veces establecidos como “productivos”  o “inútiles”, “valiosos” o “despreciables”, encontrados gracias al campo tan variado de expresiones que retroalimentan, conectan y modifican de forma directa e indirecta el pensamiento de muchos individuos.
Es por ello que desde diversos puntos de vistas la tecnología reiteradamente ha jugado un rol fundamental en la vida de quienes la poseen. Desde mi perspectiva, las palabras, imágenes y escrituras tienen un gran poder, no solo brindan educación, también llevan historias y luchas. Así aprendí y entiendo como joven que el mundo está lleno de realidades distintas que enseñan a contemplar con otros ojos la belleza del planeta, propuesta desde algo tan mínimo y fuerte como la vida misma resumida en redes, que en resumen manifiestan una era tecnológica en desfase, pintoresca, versátil y más que nada reflexiva.
Más allá de plantear futuras soluciones ante las realidades sociales presentes en la tecnología, se debe destacar que aquello de alguna manera enriquece y plantean que el mundo de hecho necesita un cambio, basado en ética, valores, amor, aceptación y conocimiento real, que dejen huella y hagan temblar cada fibra del planeta tierra, ¿qué sería de la humanidad sin transformaciones? Seguramente, un mundo gris y sin colores.
 
Antonella Sánchez Gutiérrez
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