Actualizado hace: 18 minutos
Michael Frederic Feldman
Reforma o revolución

Martes 27 Octubre 2020 | 04:00

Hace muchos años me di cuenta de que la globalización sería la mayor fuerza de cambio durante mi vida. No era cuestión de globalizar o no, una vez que los cables y los satélites estaban en sus lugares para permitir que cualquiera pueda hablar con cualquiera en cualquier parte del mundo, y los aviones y las carreteras hicieron posible llegar al 90% del planeta dentro de 24 horas, la globalización existía. 50 años después con el surgimiento de Internet, el proceso estalló en un tsunami de comercio internacional, flujos financieros, corporaciones multinacionales, viajes, turismo, transferencia de datos, fondos y tecnología, espionaje y crimen.

Actualmente se culpa a la globalización de muchas cosas, principalmente por favorecer a los millonarios blancos de América del Norte y del norte de Europa. Creo que, más que un complot nefasto de imperialistas racistas, la globalización fue un desarrollo histórico lógico y natural. Por supuesto, las personas que inventaron las piezas y armaron el sistema lo diseñaron para favorecerse a sí mismos; toda innovación refleja a los innovadores. No eran personas malvadas, pero a lo largo de las décadas su sistema fue manipulado por megalomaníacos descabellados.
También era claro que eventualmente el otro 95% de los participantes en esta gran máquina de producción globalizada se despertaría y exigiría una mayor parte de las ganancias producidas. Ahora la creciente conciencia y el descontento están perturbando el buen funcionamiento de la máquina mundial. Por todas partes mujeres, asiáticos, africanos, latinos, árabes, discapacitados, indígenas, inmigrantes e indigentes exigen justicia. Pero, ¿que es la justicia y cómo lograrla?
Mientras tanto, el 5% juega favoritos, divide y domina. Les encanta enfrentar a un grupo, partido o nación contra otro. Comparten migajas entre élites corruptas alrededor del mundo que compiten por el favor a través de depravación y brutalidad. Decenas de Estados supuestamente soberanos se mantienen esclavos de la deuda, sus poblaciones luchan por sobrevivir. Esta versión del capitalismo depredador está podrida hasta la médula y necesita un cambio fundamental. La pregunta que me ha preocupado durante 50 años es si los cambios vendrán por reforma o revolución.
Cuando era joven e idealista recibía con agrado la idea de revoluciones violentas en el pensamiento, la política y la sociedad. Ahora que soy mayor y supuestamente más sabio, rezo para que podamos lograr una distribución más equitativa de la abundancia de la tierra sin violencia. Existe suficiente comida para eliminar el hambre y podríamos brindar una buena atención médica y educación a todos si logramos desarrollar un sistema que beneficie a todo el mundo en lugar de a unos pocos. Si la reforma fracasa, realmente temo que sufriremos el fuego purificador de una verdadera revolución.
 
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