Actualizado hace: 2 horas 46 minutos
A semana seguida...
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Por: Melvyn Herrera
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Jueves 14 Mayo 2020 | 04:00

Así es, a semana seguida la hospitalidad de este medio permite que juntamente con los generosos lectores lamente la eterna partida -el reciente 7 de abril- de otro personaje manabita, el que sin haber nacido en este generoso suelo, se afincó aquí hace 42 años, para desde el apostolado de la medicina servir a su gente como ésta se merece, lo que motivó también a su esposa, quien lo hizo y seguirá haciéndolo desde los sublimes campos del arte y la cultura. Me refiero a Gustavo Adolfo Muñizaga Concha, médico chileno, que a sus 73 años la maldita peste que al mundo azota se nos lo llevó.

Gustavo, a más de ser el primer traumatólogo que hubo en este medio, socialmente fue un gran amigo de “medio mundo” y tenista empedernido. Con este servidor y otros, hace 35 años fundamos el “Umiña Tenis Club” -en el que por 13 años fui su vicepresidente- siendo el detonador urbanístico de lo que ahora es el antes lejano sitio Barbasquillo; también fui su paciente deportivo en la, por el terremoto, destruida “Clínica Manta” de la que él fue uno de sus artífices. Su esposa Jacqueline Símon, francesa de nacimiento y como Gustavo manabita de corazón y vida, siguiendo el ejemplo de su  marido, desde los museos que ella dirigió, fomentó la pintura y escultura, y son de atesorar sus preciosas plumillas con facetas manabitas. Una de sus dos bellas hijas representó a Manabí en uno de los concursos para Miss Ecuador y su último hijo, un joven médico del mismo nombre, siguiendo los pasos de su padre también abrazará la traumatología. Pleno de  amor por esta tierra, Gustavo desde Chile trajo a Eliana, su casi centenaria madre -de asombrosa buena salud y mejor buen humor- a residir en su hogar. Esta apretada sinopsis estaría incompleta si no menciono que este doctor fue hasta hace poco Cónsul Honorario de Chile en Manabí, con un largo y destacado desempeño en esa diplomática representación.
Dejé para lo último mencionar que siendo tan distintos en nuestras actividades, con este médico y su familia nos unieron sólidos lazos de amistad; para ello, yo siempre evité competir con él en el tenis, dada su superioridad deportiva y técnica; en cambio, las constructivas tertulias que siempre mantuvimos ocuparon largas horas de este tiempo que a él se le terminó… no quedándome a mi otra cosa que lamentar la partida de este gran amigo del que nunca pude imaginar iba a morir de esta pandémica manera; por ello, termino rogando a la Providencia que lo acoja con la bondad que él siempre nos prodigó a sus muchos pacientes y amigos.
 
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