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Oswaldo Solórzano Valle
La muerte cruzada

Se comenta sobre la muerte cruzada y pienso que los ecuatorianos debemos apoyar esa medida ya que históricamente los diputados y ahora los asambleístas hacen valer más sus compromisos políticos que el bienestar del pueblo que los nombró.

Viernes 08 Mayo 2020 | 04:00

Hemos visto que el poder del voto convierte a la razón en una sinrazón y se aprueban o desaprueban propuestas que casi siempre están contra el interés de los electores. Vemos que hay un grupo importante de ciudadanos que no está de acuerdo con que hayan continuado en sus cargos la mayoría de los funcionarios del anterior Gobierno y sigan mangoneando en esta administración. 
Pero si tal cosa sucede, y hablo de la muerte cruzada, debemos incorporar una consulta que nos permita ordenar cuántos asambleístas deberán ser a futuro y cuáles deberían ser sus sueldos y beneficios; deberíamos decidir si los funcionarios públicos que han hecho de la función pública una profesión deberían continuar en sus cargos ganando sueldos mensuales con los que una familia podría vivir un año. Deberíamos decidir cuántos ministerios serían a futuro y prohibir que cada vez que un amigo necesite trabajo se cree uno más para darle gusto y empleo. 
Tenemos que girar nuestra vista hacia el agro. Yo tengo 80 años y recuerdo que cuando no había petróleo la vida era diferente, el dinero cruzaba por el bolsillo de los ecuatorianos y luego terminaba en las arcas del Estado en forma de tributos, pero llegó el petróleo y nos volvimos locos, éramos los nuevos ricos y comenzamos a construir edificios faraónicos, a viajar en aviones de Tame por semanas al exterior en representación del nuevo Estado petrolero; pero con el petróleo vino la corrupción, con el petróleo vino la pobreza y la infelicidad, el dinero a chorros caía en las arcas del Estado y las personas sabían que eran parte de un país próspero pero cada día se hundían más en la pobreza, el agro fue descuidado, la agricultura y ganadería pasaron a un segundo plano y se formaron los cinturones de pobreza de las ciudades más importantes, dejando abandonadas sus casas y su ocupación como agricultores. 
Hoy estamos viendo que el petróleo no es la solución y cuando vimos que pagaban 30 dólares para que se llevaran un barril, comprendimos este no es un recurso que garantice en forma permanente nuestro bienestar. El petróleo es una lotería manejada por países poderosos, su caída nos ha demostrado que es el trabajo productivo del ecuatoriano y no el oro negro el que salvará a Ecuador.
 
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