Actualizado hace: 5 horas 35 minutos
Keyla Alarcón Q.
Semana Mayor

Enfrascados en la pandemia y con una avalancha informativa de distintos matices, porque el mundo funciona hoy de manera digital, estrictamente, no se ha perdido la esperanza ni la fe. La Semana Santa o Mayor, vivida desde el confinamiento, o experimentada desde lo más interior, reanimó la esperanza de miles de millones de cristianos, quienes vieron fortalecido su espíritu al recordar el calvario de uno de los profetas más grandes de todos los tiempos, Jesús, así como su misión, muerte y resurrección.

Miércoles 15 Abril 2020 | 04:00

Para Miguel de Unamuno, intelectual que sólo presta atención a la esperanza, de las virtudes teologales, que son tres con la fe y la caridad, la pregunta de la verdad y la no aceptación de dejar de existir motivó su búsqueda, anclada en Jesús y a través del sufrimiento de éste, la expresión del amor, así como uno de los caminos a Dios, apelando a la fe personal afincada en la razón y no a aquella estática.  
Para Unamuno lo importante no fue responder si Cristo en verdad existió, antes bien si continúa existiendo, e invitó a dejar de lado los dogmas y misterios y a transitar diferentes rutas con libertad y responder la cuestión que hasta hoy sacude: ¿cuál es la verdad? Habrá una o cientos de respuestas, pero eso no limita, por el contrario, fortalece la misión de cada uno de luchar por sus propósitos y apegos, más aún en tiempos de prueba.  
La fe mueve montañas, dijo Cristo, y esta no es propiedad exclusiva de culto ni dios alguno; permite a la persona tener confianza en aquello que no puede constatar y por tanto infunde esperanza y gozo, que se acompaña de cierta seguridad. En esta Semana Mayor, anidada por los diferentes grupos religiosos cristianos desde las redes sociales, de manera extraordinaria porque ni en conflictos bélicos se han cancelado los encuentros litúrgicos de manera total, el papa Francisco reiteró la importancia de la solidaridad y en un escenario de soledad, que refleja la realidad actual, expresó consuelo para las familias de las víctimas mortales de la pandemia, el personal de salud, los más desposeídos y los privados de libertad, entre otros grupos vulnerables. Un hecho histórico, sin precedentes.
La fe sin obras está muerta, dice la Biblia; en concordancia, el máximo pontífice llamó a actuar; en la bendición del “Urbi et Orbi” indicó “este no es momento para la indiferencia, porque todo el mundo está sufriendo y necesita estar unido (…)”. Y Bocelli, en su concierto de Pascua, animó a la oración a creyentes y escépticos, como un símbolo de renacimiento. 
Las plegarias de Semana Santa, ramadán en las sociedades islámicas que iniciaron este mes y otros encuentros piadosos de 2020, en el contexto actual, son caminos de unidad.
 
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