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Pavel Saltos Pico
El “salvador de las madres” y el lavado de manos

Sin lugar a dudas el estruendoso paso del coronavirus por el mundo nos trae enseñanzas. Dependerá de nuestra receptividad como sociedad, entenderlas y aceptarlas. El aislamiento voluntario, el lavado adecuado de manos son dos de los estandartes que las autoridades sanitarias pregonan día a día como las medidas principales para evitar la diseminación de la enfermedad. El lavado de manos no fue aceptado en su momento, incluso por el propio cuerpo de galenos de la pujante Europa.

Martes 07 Abril 2020 | 04:00

 Sin lugar a dudas el estruendoso paso del coronavirus por el mundo nos trae enseñanzas. Dependerá de nuestra receptividad como sociedad, entenderlas y aceptarlas. El aislamiento voluntario, el lavado adecuado de manos son dos de los estandartes que las autoridades sanitarias pregonan día a día como las medidas principales para evitar la diseminación de la enfermedad.  El lavado de manos no fue aceptado en su momento, incluso por el propio cuerpo de galenos de la pujante Europa. 

A mediados de siglo 19, el médico húngaro Ignaz Semmelweis demostró que la incidencia de muerte por fiebre puerperal en mujeres que parían en los hospitales de su ciudad, Viena, se desarrollaban por el contagio de enfermedades de las manos de los médicos en el momento de atender los partos, a diferencia de las matronas que no realizaban necropsias como los galenos. El médico Semmelweis comprobó que con el lavado de manos y la utilización de una sustancia llamada hipoclorito cálcico decreció la incidencia de esta enfermedad vertiginosamente.
Las demostraciones del médico húngaro fueron rechazadas por la mayoría de la comunidad europea, reseñándolas como ofensivas para el cuerpo médico de esa época.  Semmelweis fue confinado a un reclusorio mental y falleció en el olvido, incluso por su propia familia. Años después sus teorías sobre el lavado de manos fueron aceptadas luego de los descubrimientos del químico Louis Pasteur sobre la teoría de los gérmenes como causantes de infecciones.  Hoy Semmelweis es distinguido como el “salvador de las madres” y su legado es reconocido en la actualidad como uno de los precursores de la importancia del lavado de manos.  
Si entendemos aquellos momentos históricos en esas sociedades, podría ser explicable que los conceptos básicos de salubridad no fueran concebidos con la prolijidad que debía ser necesaria. La educación y la investigación científica eran un lujo de un minúsculo grupo, y los que poseían esa dicha, no estaban exentos de vivir en la ignorancia.  Sin embargo, en nuestra lumbrera actual es inconcebible que sigamos viviendo en el atraso y en la incultura. Esta crisis sanitaria  que mantenemos debería sacudir los cimientos de una sociedad sucumbida muchas veces como la Europa del siglo 19. 
 
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