Actualizado hace: 35 minutos
Guayaquil o vivir entre los muertos
  • Por Allen Panchana Macay, especial para El Diario

En Guayaquil, literalmente, guardan a sus muertos. En los armarios, patios, alguna bodega o incluso en garajes. Lo más escondido posible.

Viernes 03 Abril 2020 | 14:01

Hasta este jueves 2 de abril, según las autoridades, al menos 500 cadáveres estaban en casas o departamentos, algunos por una semana. La mayoría, ya descomponiéndose, por el calor imperante que puede llegar a los 38 grados. La crisis sanitaria del Covid-19 ha encontrado en esta ciudad ecuatoriana de 2,6 millones de habitantes su rostro más siniestro. 

Chimborazo 2425 y General Gómez, al sur. Edificio gris y azul. Primer piso. Allí murió el jueves 26 de marzo, en su propio cuarto, Emma Marina González Sánchez, de 89 años.  Su nieta hace el recuento de un dolor profundo: “Tenemos el certificado de defunción. No sabemos si fue Coronavirus. Ya no importa. Que se lleven el cuerpo. Está descompuesta. Pusimos a mi abuela en una caja funeraria. Tenía ya el rostro ennegrecido; le salía sangre por todos lados. El cuarto quedó humedecido por los líquidos. Vivíamos en el mismo departamento. Tuvimos que llevar el cadáver al garaje… Igual, hasta aquí sentimos los olores. ¿Cómo se puede vivir así?”. 
Son relatos que se replican. Al otro lado de la ciudad: Urdenor 1, Mz 138, villa 16. Casa de dos pisos, amarilla. Dentro, en su mismo cuarto, con el aire acondicionado a tope, yace Rafael Arnaldo Reyes Mora, de 67 años. Dejó de respirar la medianoche del viernes 27 de marzo. Hasta este jueves 2 de abril nadie se llevaba el cuerpo. Soltero, sin hijos, vivía con su hermano menor, Gastón, de 59, y la hija de este, Ana María (20). Ella resume la situación. “Tuvimos que abandonar la casa. Soy médica y no es nada saludable vivir con los hedores de un muerto, por más ser querido que haya sido. Nadie responde. Ya tenemos incluso el acta de defunción y nada. Llamamos al 911, al 171, me la paso en Twitter y Facebook contando el caso y no tenemos respuestas. Es la peor pesadilla”. 
Cada drama parece salido de las fauces de la literatura negra. Es Guayaquil, la ciudad que concentra 2.243 contagiados de COVID19 de los 3.163 que tiene Ecuador a la fecha. Oficialmente en el país hay 120 muertes por el virus hasta el mediodía de este jueves, aunque muchas personas han fallecido sin que se les haga la prueba, como el tío Rafael Arnaldo o la abuelita Emma Marina. 
En los sectores más pobres el panorama es peor; por el tipo de edificaciones: más pequeñas, estrechas y el hacinamiento, donde pueden vivir hasta diez personas. En una de ellas lleva seis días el cuerpo inerte de Manuel Mesías Tucunango Araujo, en la calle El Oro 5828, entre la 29 y la 30.  No retiran el cadáver.
Guayaquil padece una curva ascendente de los casos “acompañada de la mortalidad, especialmente de los grupos más vulnerables”, explica Gina Watson, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Ecuador. “No es un comportamiento anormal del virus. La humanidad ha aprendido a vivir con las diversas pandemias a lo largo de la historia. Por ejemplo, la viruela: se erradicó. Luego se aprendió a vivir con la polio y en el continente americano se eliminó. Por tanto, como científicos estamos seguros que aprenderemos a vivir con el Covid-19”. 
La situación extrema de Guayaquil, ciudad bautizada en esta crisis por los medios internacionales como el Wuhan de Ecuador, ha provocado protestas de los habitantes, especialmente para enterrar a sus muertos. El Gobierno anunció el martes 31 de marzo que ya no era obligación cremar los cuerpos; sin embargo, desde hay colas inmensas, desde la madrugada, para tomar un turno en la Junta de Beneficencia de Guayaquil, uno de los tres lugares que da ese servicio en la ciudad. “Esta situación nos ha rebasado”, asegura el dependiente, resignado. 
El presidente Lenín Moreno, en un intento de enfrentar el drama en la urbe, ha ordenado simplificar los trámites médicos y legales: de ocho papeles a uno, el certificado de defunción firmado por un médico. Pero conseguir un médico para esa firma también se ha convertido en un suplicio.  De allí que se creó la Fuerza de Tarea para que policía, bomberos, agentes de tránsito y las tres ramas de las fuerzas armadas (Ejército, Marina y FAE) ayuden a recoger los cadáveres. La persona a cargo de ello es Jorge Wated, titular de BanEcuador. Él explicó que este grupo ha podido sacar 200 cuerpos de sus casas; aunque no ha precisado cuántos quedan pendientes. 
Todo esto sin contar con los fallecidos en los hospitales públicos o clínicas privadas. Para descongestionar las casas de salud de los cadáveres el plan ha sido usar contenedores frigoríficos, tres de ellos entregados por el Municipio de Guayaquil. 
En un día regular, por circunstancias naturales o violencia, mueren en la ciudad un promedio de 28 personas. Eso más el Covid-19 suman un cóctel de mortandad que el régimen no ha podido atender. 
Los cementerios de la ciudad -particularmente de la Junta de Beneficencia- han explicado que están disponibles 2.000 espacios para afrontar la situación. Algo que no será suficiente: el mismo Jorge Wated y el presidente Moreno han ratificado este jueves el peor escenario: los muertos superarán los 3500. Así, Guayaquil está lejos de superar el dolor, mientras más cuerpos inertes se apilan en las esquinas más ocultas de casas y departamentos. Así, Guayaquil vive con sus muertos. 
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