Actualizado hace: 22 minutos
Leonardo Moreira Delgado
Dentro del zoológico

Jueves 02 Abril 2020 | 04:00

Es frecuente escuchar de los cristianos esta frase: “No hay mal que por bien no venga”. Es un refrán que busca emitir un mensaje optimista, ante aquellas situaciones que, en principio no son buenas, pero a futuro, pueden generar resultados positivos. Se puede aplicar en diversas situaciones, en las cuales no se obtiene a primera aquello que se quiere, generando la idea de desdicha o infortunio.
Si bien es cierto, esta frase nació del intelecto del ser humano, hoy día antes las circunstancias que vivimos, por la pandemia del coronavirus, es como si la naturaleza nos hablara, en ese lenguaje silencioso y apocalíptico, que no requiere un nivel de oratoria estruendoso, ni mucho menos escandaloso, como nos tienen acostumbrados algunos individuos, para que entendamos la prepotencia, soberbia y abuso de autoridad, especialmente cuando fortuitamente están en el poder.
Hoy la naturaleza nos “habla”, ya cansada de utilizar un sinfín de métodos, para que hagamos consciencia de su ley divina. Con su sabiduría ancestral nos tiene acorralados en una especie de “zoológico humano”, y cada día deja sin mayor aliento de defensa, a quienes aparte de atentar contra su vida, han descuidado la espiritualidad, como convivencia de hermandad y fraternidad.
Esta frase hoy la naturaleza la ha recuperado, para indicarnos que, para ella “no hay mal que por bien no venga”, ya que su entorno se ha beneficiado, paradójicamente de este mal epidemiológico ya que, de acuerdo a un sinnúmero de reportes, solo en pocos días de descontaminación humana, han aparecidos llenos de vitalidad y felicidad los “rostros” de los campos, playas, nevados, ríos, parques, silvestres y vegetales.
Los gobernantes, ante recomendación de la ciencia de la salud, nos dicen que no hay otra opción para defendernos de este invisible enemigo, la de enjaularnos, lo cual no todos la cumplen y si lo hacen es más por temor que por cultura de prevención, mientras nos enteramos estupefactos y vemos impotentes, desde nuestras “ventanas virtuales”, como cada día disminuye nuestro entorno familiar y social.
Ojalá esto, para los que alcancemos a retomar nuestras vidas normales, nos haga tener conciencia de que la naturaleza nos proporciona todo lo que necesitamos para vivir, desde el aire que respiramos hasta el agua que bebemos; desde el refugio vital hasta la economía de la que dependemos.
 
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